17 noviembre, 2013

Una mano que apretar en la oscuridad


Wyrd bið ful aræd

Tenía razón. Alfredo estaba obsesionado con el orden, obsesionado con la tarea de organizar el caos de la vida en algo que pudiera controlarse. Lo haría valiéndose de la Iglesia y de la ley, que son prácticamente lo mismo, pero yo quería ver la pauta en los hilos de la vida. Al final encontré una, y no tenía nada que ver con Dios, sino con la gente. Con la gente a la que amamos. Mi arpista hace bien en sonreir cuando canta que soy Uhtred el Generoso, o Uhtred el Vengador, o Uhtred el Hacedor de viudas, pues es viejo y sabe lo que yo sé, que en realidad soy Uhtred el Solitario. Todos estamos solos y todos buscamos una mano que apretar en la oscuridad. No es el arpa sino la mano que la toca.

Bernard Cornwell
Northumbria, el último reino

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