26 junio, 2006

Ah, el amor (4)





Y por eso es imposible aprender a amar, tal como no se puede aprender a morir. Y nadie puede aprender el elusivo –el inexistente aunque intensamente deseado- arte de no caer en sus garras, de mantenerse fuera de su alcance. Cuando llegue el momento, el amor y la muerte caerán sobre nosotros, a pesar de que no tenemos ni un indicio de cuándo llegará ese momento.

La naturaleza del amor implica ser un rehén del destino.

El amor está muy cercano a la trascendencia; es tan sólo otro nombre del impulso creativo y, por lo tanto, está cargado de riesgos, ya que toda creación ignora siempre cuál será su producto final.

Amar significa abrirle las puertas a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en última instancia, dar libertad al ser: esa libertad que está encarnada en el Otro, el compañero en el amor.

Sin humildad y coraje no hay amor. Se requieren ambas cualidades, en cantidades enormes y constantemente renovadas, cada vez que uno entra en territorio inexplorado y sin mapas, y cuando se produce el amor entre dos o más seres humanos, éstos se internan inevitablemente en un terreno desconocido.

Por otra parte, el amor es el anhelo de querer y preservar el objeto querido. [...] El amor es la supervivencia del yo a través de la alteridad del yo.

“Estar en una relación” significa un montón de dolores de cabeza, pero sobre todo una perpetua incertidumbre. Uno nunca puede estar verdadera y plenamente seguro de lo que debe hacer, y jamás tendrá la certeza de que ha hecho lo correcto o de que lo ha hecho en el momento adecuado.

...parece plantearnos una paradoja absolutamente injusta: la relación no sólo no cumple en satisfacer una necesidad, tal como se esperaba de ella, sino que además convierte esa necesidad en algo aún más irritante y enloquecedor.

Cuando hay dos, no hay certezas. [...] Ser dos significa aceptar un futuro indeterminado.

Si la alteridad, tal como repite Levinas, es el misterio último, lo absolutamente desconocido y completamente impenetrable, no puede significar más que una ofensa y un desafío; precisamente por ser algo divino, prohíbe el acceso, impide la entrada, es inalcanzable.

Lo que hemos aprendido duramente es que el haber sido abandonado a la propia compañía, sin nadie con quien contar para que nos acaricie, nos consuele y nos dé una mano, es atemorizante y espantoso, pero que nunca nadie se siente más solo y abandonado que cuando lucha por asegurarse de que realmente hay alguien con quien pueda contar hoy y pasado mañana para que haga todo eso en el caso de que la rueda de la fortuna gire en sentido adverso. Los resultados de esa lucha son impredecibles, y la lucha misma tiene su precio. Exige diarios sacrificios. No pasa un solo día sin una escaramuza o un enfrentamiento. Esperar hasta que la bondad oculta (como usted desea fervientemente y, por lo tanto, cree apasionadamente) en lo profundo de su pareja elegida se abra paso a través de la maligna coraza y se revele puede llevar mucho más tiempo que el que usted puede soportar. Y mientras espera hay mucho dolor, lágrimas vertidas y sangre derramada...
Establecer un vínculo de afinidad proclama la intención de hacer que ese vínculo sea como el de parentesco, pero también la disposición a pagar el precio del avatar con la dura moneda de la monotonía de lo cotidiano.


Zygmunt Bauman
Amor Líquido



4 comentarios:

conciertoparaviolin dijo...

"La naturaleza del amor implica ser un rehén del destino" A veces mi pregunta es hasta que punto se elije y hasta que punto somos actores de ese destino elegido.
Muy buenas reflexiones querido papafrita.

Marxe dijo...

Gracias querida zanahoria, aunque no sean mías creo que concuerdo bastante.

Murdock3 dijo...

No lo tenia al tal Zygmunt. Me parece bastante acertado lo que dice, por lo menos en un estadio de amor que aún no está "aburguesado". Bah, que se yo, uno habla por su experiencia que es bastante pobre salvo en el caso de que seas Don Juan (quien creo que en realidad no amó a nadie de verdad).
Pero sí, el amor más intenso se debe vivir de esa forma.
Saludos de un brocoli (puaj) para el papafrita y la zanahoria.

Marxe dijo...

Hola brócoli :)
El libro no es la gran cosa pero tiene algunos pensamientos que están bastante interesantes, acerca de cómo el amor y las personas se viven hoy como un objeto de consumo más.