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16 junio, 2021

Como destellos de promesas

 

Guy Le Querrec


Cuando, en el tropel de materiales que la percepción se encarga de trasladar desde la experiencia hasta nosotros, un detalle, y sólo ése, aflora entre el magma de la totalidad y, escapando a todo control, llega a herir la superficie de nuestra automática ausencia de atención. Generalmente, no hay razón para que instantes como ése acaezcan y, sin embargo, acaecen, encendiendo repentinamente en nosotros una emoción inusitada. Son como promesas. Como destellos de promesas.

Alessandro Baricco
City

15 abril, 2021

Lo más natural del mundo

 

Eastman Johnson


Es cuando escriben con un lenguaje tan carente de ambición y tan incapaz de sutilezas, que ya en la página veinte hace que el lector de gusto tenga la triste impresión de estar ahí comiéndose el foie gras directamente de la lata. A menudo, se trata de excelentes narradores, pero hay que entender que si uno viene de buenas lecturas, y a lo mejor incluso de algún Shakespeare, la pretensión de encontrarse la mesa puesta no es un arrogante esnobismo, sino lo más natural del mundo.

Alessandro Baricco
Una cierta idea de mundo

23 agosto, 2016

Su ocupación fundamental

Maria Kreyn - Solos juntos  (2012)

Pero allí le volvieron a la mente y en particular se acordó de una de las últimas veces que habían roto y de los que comprendió en ese instante –estaba sentada a la mesa de un café, y él acababa de marcharse. Lo que había comprendido, con absoluta certeza, era que vivir sin él iba a ser, para siempre, su ocupación fundamental, y que, a partir de ese momento, para ella las cosas tendrían en cada ocasión una sombra, una sombra más, hasta en la oscuridad, o tal vez sobre todo en la oscuridad. Se preguntó si eso podría servir como explicación de lo que significa estar loco por alguien, pero al levantar la mirada hacia el hombre de pie delante de la ventana, allí con su maletita en la mano, lo vio tan elemental y definitivo que le pareció totalmente insensato tratar de explicárselo.

Alessandro Baricco
Tres veces al amanecer


29 noviembre, 2013

Hermoso

Mark Tipple (2013)


¿Quién es?
Un amigo mío, ya te lo he dicho.
¿Amigo en qué sentido?
Madre mía, ¿qué quieres saber?
¿Por qué él?
Porque  yo sólo conozco lugares miserables, y en cambio donde está él es hermoso, y tú necesitas estar en un lugar hermoso.
¿Es hermoso porque está cerca del mar?
No, es hermoso porque está él.


Alessandro Baricco
Tres veces al amanecer

21 noviembre, 2013

Una distancia colmada

 Alejandra Karageorgiu - Adios

-Mire, no se haga una idea equivocada, yo no me he enamorado de usted, no creo, se trata de otra cosa, y tiene que ver únicamente con ese momento en particular, esa oscuridad y ese momento. No sé si soy capaz de explicarme, pero todos esos días en que prácticamente eres tu cuerpo y nada más…, todos esos días te echan encima una especie de espera de que algo físico tiene que ocurrir, al final. Algo que te recompense. Una distancia colmada, es lo que se me ocurre decir. Usted la colma escribiendo, ¿no?, pero ¿y yo?, ¿y nosotros?, ¿todos los que vayan a ser retratados? ¿Va a enviarlos a casa como me envió a mí, a la misma lejanía del primer día? Bueno, pues no es buena idea. 

Alessandro Baricco
Mr.Gwyn

27 julio, 2013

Un hombre salvado


 William Topley - 4th Earl of Minto

Y sucedió. Que el barón –el barón de Carewall- empezó a llorar, sin ni siquiera esconder su rostro entre las manos, sino sólo abandonándose contra el respaldo de su lujoso asiento, como vencido por el cansancio, pero también como descargado de un enorme peso. Como un hombre acabado, pero también como un hombre salvado. 

Alessandro Baricco
Océano Mar

21 mayo, 2013

Reptiles de marismas


 Egon Schiele - Cuatro árboles (1917)

Así, sin saberlo, heredamos la incapacidad para la tragedia y la predisposición hacia la forma menor del drama: porque en nuestras casas no se acepta la realidad del mal, y esto pospone hasta el infinito cualquier forma de desarrollo trágico, liberando la amplia ola de un drama mesurado y permanente –la marisma en la que hemos crecido. Es un hábitat absurdo, hecho de dolor reprimido y de censuras cotidianas. Pero nosotros no podemos darnos cuenta de lo absurdo que es porque como reptiles de marismas tan sólo conocemos ese mundo, y la marisma es para nosotros la normalidad. Por eso somos capaces de metabolizar increíbles dosis de infelicidad tomándola como el curso obligado de las cosas; no nos alcanza la sospecha de que escondan heridas que hay que curar, ni fracturas que recomponer. 

Alessandro Baricco

Emaús

03 enero, 2013

El mar no tiene explicaciones

 Mar del Sur, enero 2011  -  (c) Marxe

Y todos instintivamente levantaron los ojos, por un momento, buscando en la superficie del océano el perfil de una iglesia, idea comprensible pero también irrazonable idea, no había iglesias, no había cruces, no había senderos, el mar no tiene caminos, el mar no tiene explicaciones.

Alessandro Baricco
Océano Mar 

26 diciembre, 2012

Duelo


Por otra parte, Gould, si lo piensas, mira lo que sucede en la cabeza de un hombre cuando expresa una idea y alguien, frente a él, plantea una objeción. ¿Crees que ese hombre tendrá tiempo, u honestidad, de volver a la aparición que un día fue el origen de esa idea y verificar, allí mismo, si la objeción es sensata? No lo hará nunca. Es mucho más rápido perfilar la idea artificial que se ha encontrado entre las manos de manera que pueda resistir la objeción y quizás encontrar la forma de pasar al ataque y agredir, a su vez, la objeción. ¿Qué tiene que ver con todo esto el respeto a la verdad? Nada. Es un duelo. Están comprobando quién es el más fuerte. No quieren utilizar otras armas, porque no saben utilizarlas: utilizan las ideas. Podría parecer que el objetivo de todo esto fuera aclarar la verdad, pero en realidad lo que ambos quieren es comprobar quién es el más fuerte. Es un duelo. Parecen brillantes intelectuales, pero son animales que defienden su territorio, se disputan una hembra, se procuran alimentos. Escúchame bien, Gould: nunca encontrarás nada más salvaje ni más primitivo que dos intelectuales en un duelo. Y nada más deshonesto. 

Alessandro Baricco
City

23 noviembre, 2012

La fragilidad del encanto

Friedensreich Hundertwasser -  Hombre-prado

Mientras veía cómo la tinta azul permanecía sobre el papel anotando el horror de un nombre de hospital y la prosa de una árida dirección, se acordó de hasta qué punto es frágil toda forma de encanto, más allá de cuanto pueda decirse, y qué rapidísima la vida en su rapiña.

Alessandro Baricco
Mr. Gwyn

18 octubre, 2012

Volver a ver

 Saul Leiter

—Antes de salir de Belsito, aquel día, mientras pasaba por el largo pasillo, con todas aquellas puertas cerradas, pensé que en algún lugar, en aquella casa, estaba usted. Me hubiera gustado verla. No habría tenido nada que decirle, pero me hubiera gustado ver de nuevo su rostro, tantos años después, y por última vez. Pensaba en eso precisamente mientras caminaba por allí, por el pasillo. Y sucedió algo curioso. En cierto momento, una de aquellas puertas se abrió. Por un instante, tuve la certeza absoluta de que usted saldría por allí, y que pasaría junto a mí, sin decir ni una palabra.
El hombre sacudió ligeramente la cabeza.
—Pero no sucedió nada, porque a la vida siempre le falta alguna cosa para ser perfecta. 


Alessandro Baricco
Sin sangre

21 mayo, 2012

Nuestra vida

Saul Leiter -  Shopping (ca.1953)

Nos desarma, de hecho, la inclinación a pensar que nuestra vida, en primer lugar, era un fragmento conclusivo de la vida de nuestros padres, el único que ha sido entregado a nuestro cuidado. Como si nos hubieran encargado, en un momento de cansancio, que sujetáramos un rato ese epílogo para ellos valioso –de nosotros se esperaba que lo devolviésemos, tarde o temprano, intacto. Ya lo recolocarían luego ellos en su lugar, completando con él la redondez de una vida consumada, la suya. Pero a nuestros padres cansados, que se habían fiado de nosotros, les devolvemos el corte de añicos afiliados, objetos que se han caído de las manos. En el sordo acecho de semejante fracaso no encontramos nunca el tiempo para reflexionar, ni la luz para rebelarnos. Tan sólo la inmovilidad sorda de la culpa. Así volverá a ser nuestra, nuestra vida: cuando ya sea demasiado tarde. 

Alessandro Baricco
Emaús

02 febrero, 2012

La maravilla

Lee Balterman (1977)

En realidad era el estupor lo que le perdía. Carecía de defensas contra la maravilla. Había cosas que cualquier otro podía ver tranquilamente, tal vez le impresionaran incluso un poco, tal vez se detuviera incluso un momento, pero después, en el fondo, era una cosa como tantas otras, ordenadamente en fila con las demás. Pero para Mormy esas mismas cosas eran prodigios, estallaban como hechizos, se convertían en visiones. Podía ser la salida de una carrera de caballos, pero podía ser sencillamente un repentino golpe de viento, una carcajada en el rostro de alguien, el borde de oro de un plato, o una minucia. O su padre en la mecedora y Jun dándose lentamente la vuelta y entrando en casa.
La vida hacía un movimiento: y la maravilla se adueñaba de él.
El resultado era que Mormy poseía del mundo una percepción, por decirlo así, intermitente. Una sarta de imágenes fijas —maravillosas— y jirones de cosas perdidas, borradas, que jamás llegaron hasta sus ojos. Una percepción sincopada. Los demás percibían el devenir. Él coleccionaba imágenes que eran y basta.

Alessandro Baricco
Tierras de cristal

22 octubre, 2011

El infierno que nos creó

Chun gwong cha sit / Happy Together (Wong Kar-wai, 1997)


Entonces pensó que, por mucho que la vida sea incomprensible, probablemente la atravesamos con el único deseo de regresar al infierno que nos creó, y de habitar en el mismo junto a quien, en una ocasión, nos salvó de aquel infierno. Intentó preguntarse de dónde procedía esa absurda fidelidad al horror, pero descubrió que no tenía respuestas. Sólo comprendía que nada es más fuerte que ese instinto de volver donde nos desgarraron, y de seguir repitiendo ese instante años y años. Pensando tan sólo que quien nos salvó en una ocasión puede después hacerlo para siempre. En un largo infierno idéntico a aquel del que venimos. Pero, de pronto, clemente. Y sin sangre.

Alessandro Baricco
Sin sangre

07 mayo, 2011

Construir otra belleza

Aquiles

Lo que tal vez sugiere la Ilíada es que ningún pacifismo, hoy en día, debe olvidar o negar esa belleza: como si nunca hubiera existido. Decir y enseñar que la guerra es un infierno y nada más es una mentira nociva. Por muy atroz que pueda sonar, es necesario acordarse de que la guerra es un infierno, pero bello. Desde siempre los hombres se lanzan a ella como falenas atraídas por la luz mortal del fuego. No hay miedo u horror que hayan conseguido mantenerlos alejados de ¡as llamas: porque en ellas siempre han encontrado la única redención posible ante la penumbra de la vida. Por ello, la tarea de un pacifismo verdadero tendría que ser hoy no tanto demonizar hasta el exceso la guerra, sino comprender que sólo cuando seamos capaces de otra belleza podremos prescindir de la que la guerra, desde siempre, nos ofrece. Construir otra belleza es tal vez el único camino hacia una auténtica paz. Demostrar que somos capaces de iluminar la penumbra de la existencia sin recurrir al fuego de la guerra. Dar un sentido, fuerte, a las cosas, sin tener que llevarlas hasta la luz, cegadora, de la muerte. Poder cambiar el destino de uno mismo sin tener que apoderarse del de otro; lograr que circulen el dinero y la riqueza sin tener que recurrir a la violencia; encontrar una dimensión étíca, incluso muy elevada, sin tener que ir a buscarla en los confines de la muerte; encontrarse a uno mismo en la intensidad de lugares y momentos que no sean una trinchera; conocer la emoción, incluso la más vertiginosa, sin tener que recurrir al doping de la guerra o a la metadona de las pequeñas violencias cotidianas. En fin, otra belleza, si es que comprendéis lo que quiero decir.
Hoy la paz es poco más que una conveniencia política: no es, en modo alguno, un sistema de pensamiento y una manera de sentir verdaderamente difundidos. Se considera la guerra un mal que hay que evitar, es cierto, pero se está muy lejos de considerarla un mal absoluto: a la primera ocasión, revestida de hermosos ideales, entrar en guerra se convierte rápidamente en una opción factible. A veces, incluso suele elegirse con cierto orgullo. Siguen estrellándose las falenas con la luz del fuego. Una real, profética y valiente ambición por la paz yo la veo únicamente en el trabajo paciente y escondido de millones de artesanos que cada día trabajan para suscitar otra belleza, y la claridad de luces, límpidas, que no matan. Es una empresa utópica, que presupone una vertiginosa confianza en el hombre.
Pero me pregunto si alguna vez nos hemos adentrado tanto, como hoy en día, por un sendero parecido. Y por eso creo que nadie, a estas alturas, logrará ya detener ese camino, o invertir el sentido. Lograremos, antes o después, sacar a Aquiles de aquella mortífera guerra. Y no será ni el miedo ni el horror lo que lo lleve de regreso a casa. Será cierta belleza, una belleza distinta, más cegadora que la suya, e infinitamente más apacible.

Alessandro Baricco
Homero, Ilíada

16 abril, 2011

Leer


Si no fuera historia verdadera, verdadera historia, se podría pensar: no es más que la belleza de una metáfora exacta. En el sentido de que tal vez, siempre, y para todos, leer no es otra cosa que mirar fijamente un punto para no ser seducidos, y destruidos, por el incontrolable deslizarse del mundo. No se leería, nada, si no fuera por miedo. O para aplazar la tentación de un incontrolable deseo al que, se sabe, no sabremos resistirnos. Se lee para no levantar la mirada hacia la ventanilla, ésa es la verdad. Un libro abierto siempre es el certificado de la presencia de un infame —los ojos clavados en aquellas líneas para no dejarse robar la mirada por el ardor del mundo —las palabras que una a una comprimen el fragor del mundo en un embudo opaco hasta hacerlo gotear en pequeñas formas de cristal que se llaman libros —la forma más refinada de batirse en retirada, ésa es la verdad. Una porquería. Pero: dulcísima.

Alessandro Baricco
Tierras de cristal

02 abril, 2011

Corazones pequeños



Caravaggio  -  Emaús

¿Cómo no hemos podido saber, durante tanto tiempo, nada de lo que era y, a pesar de todo, sentarnos a la mesa de todas las cosas y personas que íbamos encontrando a lo largo del camino? Corazones pequeños -los alimentamos con grandes ilusiones y al final del proceso caminamos igual que discípulos hacia Emaús, ciegos, al lado de amigos y amores que no reconocemos- fiándonos de un Dios que ya no sabe nada sobre sí mismo. Por eso conocemos la marcha de las cosas y luego recibimos el final de las mismas, pero siempre ausentes de su corazón. Somos aurora y, no obstante, epílogo- perenne descubrimiento tardío.

Alessandro Baricco

Emaús

22 marzo, 2011

Permanecer

Sería todo mucho más sencillo si no te hubieran inculcado esa historia de llegar a algún sitio, bastaría con que te hubieran enseñado, sobre todo, a ser feliz permaneciendo inmóvil. Todas esas historias sobre tu camino. Encontrar tu camino. Ir por tu camino. A lo mejor, en cambio, estamos hechos para vivir en una plaza, o en un jardín público, allí quietos, dejando pasar la vida, a lo mejor somos una encrucijada, el mundo necesita que estemos quietos, sería un desastre que nos marcháramos, en un momento dado, por nuestro camino, ¿qué camino?, los otros son los caminos, yo soy una plaza, no llevo a ningún sitio, soy un sitio.



Sarebbe tutto più semplice se non ti avessero inculcato questa storia del finire da qualche parte, se solo ti avessero insegnato, piuttosto, a essere felice rimanendo immobile. Tutte quelle storie sulla tua strada. Trovare la tua strada. Andare per la tua strada. Magari invece siamo fatti per vivere in una piazza, o in un giardino pubblico, fermi lì, a far passare la vita, magari siamo un crocicchio, il mondo ha bisogno che stiamo fermi, sarebbe un disastro se solo ce ne andassimo, a un certo punto, per la nostra strada, quale strada?, sono gli altri le strade, io sono una piazza, non porto in nessun posto, iosono un posto.

Alessandro Baricco
City

23 febrero, 2011

Baricco y Argentina

Alessandro Baricco

"Muchas veces pospuse este viaje, tal vez porque la Argentina me fascina de tal manera, que siempre pensaba que era demasiado pronto o que el tiempo no sería suficiente. Ahora ya es tiempo de que vaya", dice con un aire místico y solemne. ¿De dónde nace la fascinación de Baricco por Argentina? Es fácil imaginarlo un poco más desaforado gritando los goles de Maradona a la Juventus, el archirrival de su amado y humilde Torino. "Seguramente hay razones deportivas, que se filtraron por mi gran amor por Osvaldo Soriano, uno de los que me contó de manera mítica estas tierras. No sólo me transmitió el amor por el fútbol, sino también el amor por el arte, la música, la literatura, la admiración por el tango, y la idea de las raíces italianas de tanta gente que vive acá. La idea de los espacios extraños, aparentemente infinitos. Son muchas las cosas que hacen de la Argentina –no sólo para mí– un lugar mítico", explica sin que valga la pena desasnarlo acerca de cómo los "míticos" argentinos maltratamos en vida a Soriano. Más feliz lo hace sí, el reconocimiento del que goza su mentor Gianni Vattimo. "Para mí fue el mejor. Sus lecciones, sus lecturas de Nietzsche y de Heidegger eran verdaderamente una nueva frontera para nosotros."


Fragmento del reportaje a Alessandro Baricco en revista Ñ con motivo de la visita del escritor a la Feria del Libro de Buenos Aires de 2010.

30 septiembre, 2010

Ahí abajo



Guillaume Néry, campeón mundial de buceo libre
(Franck Seguin, Francia, Deadline Photo Press)

Poomerang (nodiciendo) — A mí me gusta ir por debajo del agua. Ahí abajo todo es distinto. No hay ruido, no puedes hacer ruido, aunque quieras, no puedes hacerlo, no hay ruidos, ahí abajo. Te mueves lentamente, no puedes hacer gestos bruscos, no sé, gestos veloces, tienes que moverte con lentitud, todos están obligados a moverse con lentitud. No puedes hacerte daño, no pueden darte esas estúpidas palmaditas en la espalda, o cosas de ésas, es un lugar hermoso. Sobre todo, es el lugar idóneo para hablar, ¿sabe?, eso me gusta de veras, hablar ahí abajo, es el lugar idóneo, puedes hablar y... puedes hablar, eso es, todos pueden hablar, cualquiera, si quiere, puede hablar, es fantástico cómo se habla ahí abajo. La lástima es que nunca hay..., casi nunca hay nadie, éste es el principal defecto del asunto, que ahí abajo no hay nadie, aparte de ti, es decir, sería un lugar fantástico, pero casi nunca hay nadie con quien hablar, generalmente, nunca te encuentras con nadie. Es una lástima, ¿no le parece?

Alessandro Baricco
City