Kees Van Dongen - Amapola (1919)
Desde luego, no era producto de su imaginación el que sus viejos conocidos la evitaran por la calle, y que los clientes pusieran cara de sorpresa y dijeran: "Ah, me parecía haber leído en alguna parte que había cerrado". El señor Thornton, el señor Drury y el señor Keble y sus mujeres no volvieron a aparecer por la tienda, ya que estaba marcada.
No le importó tanto como creía. Suponía una derrota, pero la derrota es mejor recibida cuando al menos uno está cansado.
Penelope Fitzgerald
La librería








































