05 abril, 2012

Esa nada




Susan Hayward: … Perdóneme, pero es que me siento tan mal, tan confundida… A veces de noche me despierto y no puedo creer que sea verdad, pienso que no ha muerto, que todo ha sido una pesadilla, no es posible que lo único bueno que me pasó en la vida se haya terminado para siempre, … pero estiro la mano para tocarlo y en la oscuridad no hay nada… no puedo tocar nada, y esa nada no es él, esa nada soy yo…
 
Mañana Lloraré (I'll cry tomorrow, 1955)
citado por Manuel Puig en The Buenos Aires Affair


 Lilian Roth (Susan Hayward)

31 marzo, 2012

Un misterio de lo más extravagante



El interior estaba desmantelado, pero era posible deducir que allí había vivido no hacía mucho tiempo un blanco. Quedaba aún una tosca mesa, una tabla sobre dos postes un montón de escombros en un rincón oscuro y, cerca de la puerta, un libro que recogí inmediatamente. Había perdido la cubierta y las páginas estaban muy sucias y blandas, pero el lomo había sido recientemente cosido con cuidado, con hilo de algodón blanco que aún conservaba un aspecto limpio. El título era Una investigación sobre algunos aspectos de
náutica, y el autor un tal Towsen o Towson, capitán al servicio de su majestad. El contenido era bastante monótono, con diagramas aclaratorios y múltiples láminas con figuras. El ejemplar tenía una antigüedad de unos sesenta años. Acaricié aquella impresionante antigualla con la mayor ternura posible, temeroso de que fuera a disolverse en mis manos. En su interior, Towson o Towsen investigaba seriamente la resistencia de tensión de los cables y cadenas empleados en los aparejos de los barcos, y otras materias semejantes. No era un libro apasionante, pero a primera vista se podía ver una unidad de intención, una honrada preocupación por realizar seriamente el trabajo, que hacía que aquellas páginas, concebidas tantos años atrás, resplandecieran con una luminosidad no provocada sólo por el interés profesional. El sencillo y viejo marino, con su disquisición sobre cadenas y tuercas, me hizo olvidar la selva y los peregrinos, en una deliciosa sensación de haber encontrado algo inconfundiblemente real. El que un libro semejante se encontrara allí era ya bastante asombroso, pero aún lo eran más las notas marginales, escritas a lápiz, con referencia al texto. ¡No podía creer en mis propios ojos! Estaban escritas en lenguaje cifrado. Sí, aquello parecía una clave. Imaginad a un hombre que llevara consigo un libro de esa especie a aquel lugar perdido del mundo, lo estudiara e hiciera comentarios en lenguaje cifrado. Era un misterio de lo más extravagante. 

Joseph Conrad
El corazón de las tinieblas

21 marzo, 2012

Una nueva forma de ver las cosas

acuarela del autor

Cuando se busca intuitivamente, nuestro destino nunca está en un más allá temporal o espacial, sino siempre aquí y ahora. Si bien estamos siempre llegando y partiendo, también es cierto que estamos eternamente anclados. Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas, lo que quiere decir que no hay límites para la visión.

Henry Miller
Big Sur y las naranjas de El Bosco

17 marzo, 2012

El puente Mirabeau mira pasar el Sena



El puente Mirabeau

El puente Mirabeau mira pasar el Sena
mira pasar nuestros amores
y recuerda al alma serena
que la alegría siempre viene tras de la pena

Viene la noche suena la hora
y los días se alejan
y aquí me dejan

Frente a frente mirémonos -las manos enlazadas-
mientras que pasan bajo el puente
de nuestros brazos -fatigadas-
las ondas silenciosas de nuestras dos miradas

Viene la noche suena la hora
y los días se alejan
y aquí me dejan

El amor se nos fuga como esta agua corriente
El amor se nos va
Se va la vida lentamente
Cómo es de poderosa la esperanza naciente

Viene la noche suena la hora
y los días se alejan
y aquí me dejan

Huyen el lento día y la noche serena
mas nunca vuelven
los tiempos que pasaron ni el amor ni la pena
El puente Mirabeau mira pasar el Sena

Viene la noche suena la hora
y los días se alejan
y aquí me dejan

Guillaume Apollinaire

Versión de Andrés Holguín

14 marzo, 2012

Sacar conclusiones

 foto: Román Vitali

Lector, ya sabes lo suficiente. Yo también lo sé. No es conocimiento lo que nos falta. Lo que nos falta es el coraje para darnos cuenta de lo que ya sabemos y sacar conclusiones.

Sven Lindqvist
Exterminad a todos los salvajes

09 marzo, 2012

Pantallas



A todos los que salían en la tele los odiaba, y había veces en que le daban ganas de agarrar una maza y destrozar el puto aparato.
Los pondría en fila y me agarraría a tiros. ¿Qué por qué? Porque son unos falsos, porque están volviendo tontos a millones de chicos, porque muestran un mundo que no existe, porque hacen que la gente se arruine por comprarse un coche… Son la perdición de Italia.

Niccolò Ammaniti
Como Dios manda

06 marzo, 2012

Un enrarecido paisaje lunar

 Jacques-Henri Lartigue

Antes las instituciones ahogaban al individuo, lo encorsetaban. Ahora el deterioro institucional lo deja desnudo y a la intemperie, en un enrarecido paisaje lunar, sin puntos de referencia. El sujeto se encuentra abandonado a sí mismo, expuesto a una dominación cada vez más anónima e insidiosa, a sistemas de consumo, de comunicación que se apoderan de su ser y lo alienan solapadamente. En tal situación, ¿cuáles son las formas y las condiciones de la autoestima? Ya no se trata de identificarse con el progreso o con una clase social, sino de preguntarse: ¿qué puedo hacer, individual y colectivamente, para no perder el hilo de mi propia vida? 

Luis Hornstein
Autoestima e identidad
Narcisismo y valores sociales

27 febrero, 2012

Ataduras

 Friedensreich Hundertwasser - The Doges (1982)

Un hombre es capaz de acabar con otra persona si no la deja marcharse y tampoco permite que se acerque por completo a él; la ata a sí mismo y no la devuelve al mundo, y al mismo tiempo mantiene las distancias, no fragua ninguna alianza con ella. La persona así tratada acaba muriendo por haber sido apartada del mundo. Por quedarse sola y, a la vez, no estarlo del todo, porque vive en una especie de atadura y su carcelero no se ocupa de ella… ¿Lo entiende? 

Sandor Márai
La gaviota

24 febrero, 2012

Miedos

 Zygmunt Bauman

Todos parecemos tener miedo, suframos o no de "depresión dependiente", estemos a plena luz del día o asediados por alucinaciones nocturnas, al abandono, a la exclusión, a ser rechazados, a que se vote en contra nuestra, a ser repudiados, abandonados, despojados de lo que somos, a que no se nos permita ser lo que deseamos ser. Tenemos miedo a que nos dejen solos, indefensos y abandonados a la desgracia. Tenemos miedo a que nos nieguen la compañía, a que no haya seres queridos que nos amen ni manos que nos ayuden. Tenemos miedo a que nos tiren al cementerio de automóviles. Lo que más echamos de menos es la certidumbre de que todo eso no nos va a pasar a nosotros. Echamos de menos la exención de la amenaza de extensión ubicua y universal…

Zygmunt Bauman
Identidad

21 febrero, 2012

Con ánimo de amar

Fa yeung nin wa (Con ánimo de amar / In the mood for love, 
Wong Kar-wai, 2000)


Maggie Cheung (Su Li-zhen Chan)


Su Li-zhen Chan: Uno se da cuenta de las cosas si presta atención.


 Maggie Cheung (Su Li-zhen Chan) y Tony Leung (Chow Mo-wan)


Chow Mo-wan:  Pensé que no seríamos como ellos. Pero me equivoqué. Usted no va a abandonar a su marido. De modo que prefiero irme.
Su Li-zhen Chan: No pensé que se enamoraría de mí.
Chow Mo-wan:   Yo tampoco. Sólo tenía la curiosidad de saber cómo empezó. Ahora lo sé. Los sentimientos pueden crecer lentamente de ese modo. Pensé que tenía el control.




 Tony Leung (Chow Mo-wan)


Chow Mo-wan: En los viejos tiempos, si alguien tenía un secreto que no quería compartir... ¿sabes qué hacía?
Ah Ping: No tengo idea.
Chow Mo-wan: Subía a una montaña, buscaba un árbol, hacía un hueco en él,  y contaba el secreto en voz baja dentro del agujero.  Luego lo cubría con barro. Y dejaba el secreto ahí para siempre.
Ah Ping: ¡Cuanta molestia! Yo preferiría echarme un polvo.
Chow Mo-wan: No todos son como vos


Relator: El recuerda aquellos días idos. Como si los viera a través de un vidrio polvoriento, el pasado es algo que puede ver pero no tocar. Y todo lo que ve está borroso y confuso.
 

19 febrero, 2012

Disímiles apariencias


Javier, en cambio, no sintió el menor cuestionamiento hacia su propia vida al oirle contar a Manú sus inverosímiles peripecias euroasiáticas. Ni siquiera se le ocurrió pensar que la impaciencia y brusquedad de Daniela tenían algo que ver con la comparación entre Manú y él, por la sencilla razón de que las cosas entre Manú y él habían sido así siempre, y ella lo sabía (ella quizás había sido la primera en descubrirlo). Es decir: que no eran amigos por ese supuesto parecido debajo de las apariencias (del que los dos tenían cierta idea pero jamás hacían manifiesto), sino precisamente por esas disímiles apariencias que los hacían parecer tan incompatibles. Eran amigos, en suma, porque sabían algo que nadie más sabía de ellos, y también porque no necesitaban ni querían saber nada más sobre el tema.

Juan Forn
El borde peligroso de las cosas
en Nadar de noche

16 febrero, 2012

Inventando(se)


 Escena de La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir


Victoria Eandi –¿Y cómo la desarrollaste?

Claudio Tolcachir –Llamé a mis amigos, que son los mismos con los que trabajo ahora. Fueron mis conejillos de Indias y yo de ellos. Mi impulso gestor venía del colegio. Como en el secundario me aburría mucho, armé un grupo de teatro con el que fuimos ensayando donde podíamos. Me recuerdo con esa impertinencia de ir a pedir espacios, y lo lograba: era una locomotora. No sé si ahora me animaría. Siempre tenés que estar construyendo tu historia, tu espacio, tu proyecto, inventando tu obra, buscando sala, saliendo a volantear. Nunca en soledad, siempre en conjunto. Todo lo que pueda suceder lo tenés que inventar vos. No va a suceder solo. Lo único que tenés para hacer frente al abismo de la vida es laburar. Así fue que armamos Timbre 4.

Extracto del reportaje en revista Acción.

11 febrero, 2012

Simplemente no te quiere

Mary (Drew Barrymore)
He's just not into you (Simplemente no te quiere, 2009)

Mary: Un chico me dejó un  mensaje de voz en el trabajo así que lo llamé desde casa, y luego él me envió un email a mi Blackberry y entonces yo le envié un mensaje de texto a su celular y él me respondió con un email a mi cuenta personal y todo simplemente se fue de control.  Y extraño los días en los que teníamos un único número de teléfono y un único contestador automático, y ese único contestador automático tenía un solo cassette para grabar, y ese solo cassette para grabar podía tener un mensaje de un chico o no.  En cambio ahora tenés que andar chequeando todos estos portales diferentes tan sólo para ser rechazada mediante siete tecnologías distintas. Es agotador.

09 febrero, 2012

Estrategias

 Ragnar Axelsson

A la noche, cuando se sentaba frente a la comida que preparaba Raquel Vega, hablaba. Un jueves de guiso espeso, tragó un sorbo de vino y me preguntó:
    Decime, ¿cómo te parece que debe ser una planta que resista el fuego?
    Yo pelaba una manzana. Seguí con el cuchillo como si no hubiera escuchado.
    -¿Cómo resistir el fuego? ¿Qué fuego?
    -Cualquier fuego. Un incendio, por ejemplo.
    Lo primero que se me ocurrió fue algo relacionado con las raíces. Mi razonamiento no se alejó de lo elemental: si bajo tierra pudiera mantenerse la vida, podría recuperarse la parte afectada una vez que las condiciones externas mejoraran. En ese momento, no me fue fácil expresar esta idea. Él me escuchaba con la cuchara en la mano. Del guiso que tenía servido, subía un vapor que se perdía enseguida. Cuando terminé de hablar negó con la cabeza. Me dijo:
    -O sea que resistir siempre implica resignar una parte.
    -Claro –respondí.

Jorge Consiglio
Pequeñas intenciones

07 febrero, 2012

Al aire libre

Laguna de Walden - Réplica de la cabaña y estatua de Thoreau

Todo niño recomienza en cierto modo el mundo y gusta de permanecer al aire libre incluso cuando llueve o hace frío. Juega a las casas y a los caballos de manera instintiva. ¿Quién no recuerda el interés con que, de joven, exploraba los declives rocosos que pudieren delatar la existencia de alguna cueva? Era el natural anhelo de aquella porción de nuestra ascendencia primitiva todavía viva en nosotros. De la cueva hemos pasado a los techos de hoja de palma, de troncos y ramas, de lienzo entretejido, de hierba y paja, de tablas y cascajos, de piedras y tejas. Al final, no sabemos ya lo que significa vivir al aire libre, y nuestras vidas se han vuelto domésticas en más sentidos de lo que creemos. Entre hogar y campo hay una gran distancia. Y quizá sería bueno que pasáramos más de nuestros días y noches sin que mediara obstáculo alguno entre nosotros y los cuerpos celestes, y que el poeta no hablara tanto bajo techado o que el santo no se acogiera con tanta frecuencia a su  protección.

Henry David Thoreau
Walden, o la vida en los bosques

04 febrero, 2012

Villa Amalia

Villa Amalia (Benoît Jacquot, 2009)

Ann: ¿Por qué no vive aquí? Es un lugar maravilloso...
Amalia: Las piernas para el cuerpo; los recuerdos para el corazón...



Amalia (Clara Bindi) y Ann (Isabelle Huppert)

02 febrero, 2012

La maravilla

Lee Balterman (1977)

En realidad era el estupor lo que le perdía. Carecía de defensas contra la maravilla. Había cosas que cualquier otro podía ver tranquilamente, tal vez le impresionaran incluso un poco, tal vez se detuviera incluso un momento, pero después, en el fondo, era una cosa como tantas otras, ordenadamente en fila con las demás. Pero para Mormy esas mismas cosas eran prodigios, estallaban como hechizos, se convertían en visiones. Podía ser la salida de una carrera de caballos, pero podía ser sencillamente un repentino golpe de viento, una carcajada en el rostro de alguien, el borde de oro de un plato, o una minucia. O su padre en la mecedora y Jun dándose lentamente la vuelta y entrando en casa.
La vida hacía un movimiento: y la maravilla se adueñaba de él.
El resultado era que Mormy poseía del mundo una percepción, por decirlo así, intermitente. Una sarta de imágenes fijas —maravillosas— y jirones de cosas perdidas, borradas, que jamás llegaron hasta sus ojos. Una percepción sincopada. Los demás percibían el devenir. Él coleccionaba imágenes que eran y basta.

Alessandro Baricco
Tierras de cristal

30 enero, 2012

Todavía hay algo que ama

 Jonas Mekas en abril de 1946


Me pregunto cómo estarán las nubes allá, en Lituania, y el viento, ¿cómo estará el viento? Realmente es triste, a veces uno se pone sentimental. Pero entonces, ¿por qué no ponerse sentimental? Si es triste, es triste, y no hay nada que se pueda hacer , al menos ahora. Uno puede intentar hacerse el optimista, el valiente, pero dentro del corazón hay una tristeza persistente. No se puede escapar de la nostalgia. Uno puede buscar esconderla, convencerse de que no la siente, intentar engañarse; pero los pensamientos traicionan, los sueños traicionan, todo revela la nostalgia que hay dentro de uno. Pero entonces, ése es el único consuelo : mientras se siente nostalgia, uno no está muerto. Uno sabe que todavía hay algo que ama...


Jonas Mekas
Ningún lugar adonde ir

26 enero, 2012

La velocidad

ilustración de portada del libro: Alberto Ciupiak

Últimamente, la televisión brindaba espectáculos, discursos, deportes, festivales, simultáneamente con las emisiones en su tierra. Agata se había acostumbrado y había disfrutado de esas maravillas de la técnica. Pero ahora, en el momento del regreso, descubría que el avión era otra cosa. Descubría que la velocidad le estaba robando algo importante. Le impedía desandar y recuperar. La privaba de la posibilidad de un regreso lento, donde todo se revirtiera, y se produjese el acercamiento a su mundo perdido en los términos y en el tiempo en que se había producido el alejamiento. Aquel viaje en barco, aquel desprendimiento, había durado veinte días. Después, la ausencia, cuarenta años. Y ahora bastaban unas pocas horas de avión para regresar de un salto al punto de partida. A Agata esto le sonaba como una traición.


Antonio Dal Masetto
La tierra incomparable

28 diciembre, 2011

Tehuelches - el pueblo Aonikenk


"Muero como he vivido; ningún cacique me manda", expresan apropiadamente el sentimiento que predomina al respecto. […]

Es de esperar que la vida real en los toldos que se ha narrado aquí habrá habilitado al lector para formarse una idea del carácter de los tehuelches, más favorable que la que por lo general se sugiere, excepción hecha de los misioneros Hunzikcr y Schmid. No merecen seguramente los epítetos de salvajes feroces, salteadores del desierto, etc. Son hijos de la naturaleza, bondadosos, de buen carácter, impulsivos, que cobran grandes simpatías o antipatías, que llegan a ser amigos seguros o no menos seguros enemigos. Como es muy natural, recelan de los extranjeros, sobre todo de los de origen español, o, como los llaman ellos, de los cristianos. Y no hay que maravillarse de esto si se considera el trato, la crueldad traicionera y la explotación picara de que esos indígenas han sido objeto por parte de los conquistadores y de los colonos alternativamente. […]


En mis relaciones con ellos, los indios me trataron siempre con lealtad y consideración, y dispensaban el mayor cuidado a mis pocas pertenencias, aunque a veces me las pedían prestadas, como acostumbran hacerlo entre ellos; por ejemplo, un indio venía a menudo a pedirme que le dejara ver mis armas, y, después de examinarlas, me las devolvía cuidadosamente. En todo el curso de mi estancia entre ellos sólo perdí dos objetos: un pedernal con su eslabón que, tengo motivos para creerlo, me fue robado por uno de los chilenos, y un par de boleadoras de avestruz que me sustrajeron del toldo. […]


Cacique Casimiro
(Benito Panuzzi, 1864)

Con respecto a su sinceridad mi experiencia es ésta: en cuestiones de poca importancia mienten casi siempre, inventan historias por puro gusto; […] Pero en toda cuestión importante, en lo que se refiriera a las garantías de seguridad de una persona, por ejemplo, eran muy veraces siempre que se cumpliese bien con ellos. Al cabo de un tiempo, cuando advirtieron que yo evitaba siempre apartarme ni un ápice de la verdad, dejaron de mentirme hasta en asuntos de menor cuantía. Sirva esto para demostrar que no tienen el carácter traicionero que les han atribuido algunos escritores ignorantes. Tampoco son crueles por naturaleza, ni con los esclavos o cautivos. […]

Por mi parte, yo me sentí siempre más seguro en medio de los tehuelches, mientras no hubo bebida ni luchas entre ellos, como más tarde en el Río Negro. Naturalmente, cuando se embriagan, sus pasiones se desencadenan; recuerdan viejas pendencias, y a veces pelean por mero gusto de pelear. Pero no es necesario ir hasta la Patagonia para observar eso. El rasgo más delicado quizá de su carácter es su amor a sus mujeres y a sus hijos; las reyertas conyugales son raras. y la costumbre de golpear a la esposa es desconocida entre dios, por otra parte, la intensa pena con que lloran la pérdida de una esposa no es ciertamente una práctica "civilizada", porque entre tilos el viudo destruye todo su haber y quema todas sus pertenencias. 
[…]



En cuanto a las criaturas, los indios las miman en todo sentido, les dejan que monten los mejores caballos y no los corrigen por ninguna travesura. Siempre me sorprendió que los muchachos no se hicieran tercos y voluntariosos al crecer, a consecuencia de esa falta de reprensión. Los que no tienen hijos adoptan a veces un perrito, en el que derrochan sus afectos y al que conceden caballos y otras prendas de valor, que se destruyen cuando el dueño de ellas muere.
Otra de las cosas que me han sorprendido es que los misioneros hayan tenido tan poca suerte en sus esfuerzos para enseñar a esas criaturas a leer y a escribir, porque todas son por naturaleza muy inteligentes, aunque, como es natural, hay excepciones. Es una prueba de su facilidad de imitación el muy poco trabajo con que enseñé al hijo de Hinchel a escribir el nombre de su padre y de dos indios más en muy breve tiempo. Yo tenía la costumbre de estar dibujando siempre buques en una tabla, con un pedazo de carbón, para entretener a las criaturas, y éstas copiaban fácilmente esas figuras. Hinchel mismo, una vez que quería explicar una parte del curso del río Negro, dibujó un mapa tosco en la tabla que, según vi después, resultó perfectamente correcto.
Poca inmoralidad observé en los indios cuando estaban en sus desiertos nativos…

George Chaworth Musters
Vida entre los Patagones

26 diciembre, 2011

No pido mucho


Happy New Year

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

Julio Cortázar

17 diciembre, 2011

Un amigo de papá





Horacio Bilbao: Vos tenías apenas siete años cuando el murió, ¿qué recordás de ese último encuentro con él, cuando estaba caracterizado como el viejo Ramón, ya dispuesto a partir a Bolivia?

Aleida Guevara March: Una noche, mi mamá nos dijo que íbamos a conocer a un amigo de mi papá. Llegamos con mis hermanos y él empezó a hablar con nosotros. Y cuando empezó a hablar yo le dije que no parecía español. Todos se quedaron mirando. El me peguntó por qué decía eso, y ya seguimos hablando. Esa noche cenamos juntos. Mi mamá le había advertido que yo conocía muy bien sus gustos y que los defendía mucho. En un momento, él se sirvió el vino tinto puro y yo salté como un resorte. Le dije que no era amigo de mi papá porque papá tomaba el vino tinto con agua, que así es rico, me levante y le eché agua. Luego me contó mamá que estuvo muy orgulloso de aquello. Más tarde, jugando con mis hermanos me caí y me golpeé la cabeza, entonces me tomó en sus brazos, me palpó y de alguna manera me transmitió algo, porque al rato yo dije: “Mamá, yo pienso que este hombre está enamorado de mí”. Fue muy simpático pero a la vez muy duro, él no podía explicarme porque me amaba. Y me amaba de una manera intensa. Esa noche terminó así y yo no supe que él era mi papá hasta que murió en Bolivia. Entonces mi mamá me contó la historia del viejo Ramón, y me mostró una foto. Me pidió que no contara nada, y no lo hice, hasta muchos años después en que ya empezamos a hablar de eso.  

Ver reportaje completo en Revista Ñ

13 diciembre, 2011

La más bella edad del corazón

The Beatles - Concierto en la terraza (1969)


RETORNOS DEL AMOR EN UNA AZOTEA

Poblado estoy de muchas azoteas.
Sobre la mar se tienden las más blancas,
dispuestas a zarpar al sol, llevando
como velas las sábanas tendidas.
Otras dan a los campos, pero hay una
que solo da al amor, cara a los montes.
Y es la que siempre vuelve.
Allí el amor peinaba sus geranios,
conducía las rosas y jazmines
por las barandas y en la ardiente noche
se deshacía en una fresca lluvia.
Lejos, las cumbres, soportando el peso
de las grandes estrellas, lo velaban.
¿Cuándo el amor vivió más venturoso
ni cuándo entre las flores
recién regadas fuera
con más alma en la sangre poseído?
Subía el silbo de los trenes. Tiemblos
de farolillos de verbena y músicas
de los quioscos y encendidos árboles
remontaban y súbitos diluvios
de cometas veloces que vertían
en sus ojos fugaces resplandores.
Fue la más bella edad del corazón. Retorna
hoy tan distante en que la estoy soñando
sobre este viejo tronco, en un camino
que no me lleva ya a ninguna parte.

Rafael Alberti
de Retornos de lo Vivo Lejano, 1952

08 diciembre, 2011

Los hijos de los 70


Adriana Tasca, Gaspar Casado  y  Sebastián  Casado Tasca
su historia en "Nietos, historias con identidad"

Las derrotas no se pueden medir por las batallas perdidas sino por las propuestas para las generaciones siguientes... El golpe del 76 no derrotó a una generación: la masacró, la expulsó de la Patria, la encarceló y la torturó, y brutalmente pretendió arrancarle no sólo sus proyectos políticos sino sus sueños e ideales: tornarla cínica, despojada de carácter, acomodaticia con las circunstancias, reducida a lo posible. Se le propuso a cada argentino llevar hasta el extremo el individualismo de salvarse solo, el terror de ser dañado no por los represores sino por los amigos que estaban en riesgo, ya que su propio destino podía alcanzar, como onda expansiva, a quienes lo rodeaban. También, a cambio de la moral, se les ofreció un bono para canjear justicia por chatarra comprada por el uno a uno: un ser humano por una videocasetera, la educación por el shopping, un torturado por un viaje a Disney, la vista gorda por unas vacaciones en el Caribe.  Esta fue la herencia moral que pretendieron dejar los dictadores de los 70... Por eso los hijos de los 70 nos conmueven: son como una parte de nosotros mismos y nacieron ya atravesados por una experiencia que los hace desplegar lo posible sin renunciar a lo anhelado. Maduros desde chiquitos, obligados a ser responsables desde siempre, atravesados por la Historia, tratando de apropiarse de ella, van a la búsqueda de los sueños de las generaciones anteriores. Y como Sebastián, el "nieto82" recuperado, cuando abraza a sus abuelos y los consuela de tanto tiempo perdido, saben que para ellos el tiempo por delante se tiñe de sabores y olores anhelados, aún sin imágenes ni nombre. 

Silvia Bleichmar
No me hubiera gustado morir en los 90
Los hijos de los 70

03 diciembre, 2011

Siempre aparece, el lirismo

Jonas Mekas  - John va a probarle a Anthony que puede meterse en la boca
más arándanos que él... Montauk, agosto de 1972


 El dice que ha hecho básicamente lo mismo toda su vida: en su pueblo, en los campos y en el Nuevo Mundo; leyendo, escribiendo y filmando. Sólo se trataba de registrar cuanto pasara delante de sus ojos y estar disponible después para atender el llamado de quienes hubieran olvidado, aunque ya no quede vivo ninguno de los colegas que llamaban desde la capital a la oficina de correo de su pueblo. El título de una de sus películas resume su vida y su credo artístico en ocho palabras: “Mientras avanzaba azarosamente vi fugaces destellos de belleza”. En aquel diario que escribió durante los cinco años que pasó en los campos y los primeros cinco años en Nueva York (que lleva por título Sin lugar adónde ir y que termina el mismo día en que compró la Bollex y empezó a filmar), Mekas dice: “Intentamos esconderlo de cualquier modo pero siempre aparece, el lirismo”. Antes de siquiera imaginar lo que sucedería en su vida cuando aquella Bollex cayera en sus manos, escribió: “El cazador que quiere acertarle al ciervo no le dispara directamente, sino que apunta un poquito más adelante. Lo mismo ocurre con la vida humana: tenemos que apuntar al momento siguiente para retratarla”.

Juan Forn
Yo recordaré por ustedes


      http://jonasmekasfilms.com/diary/