07 mayo, 2011

Construir otra belleza

Aquiles

Lo que tal vez sugiere la Ilíada es que ningún pacifismo, hoy en día, debe olvidar o negar esa belleza: como si nunca hubiera existido. Decir y enseñar que la guerra es un infierno y nada más es una mentira nociva. Por muy atroz que pueda sonar, es necesario acordarse de que la guerra es un infierno, pero bello. Desde siempre los hombres se lanzan a ella como falenas atraídas por la luz mortal del fuego. No hay miedo u horror que hayan conseguido mantenerlos alejados de ¡as llamas: porque en ellas siempre han encontrado la única redención posible ante la penumbra de la vida. Por ello, la tarea de un pacifismo verdadero tendría que ser hoy no tanto demonizar hasta el exceso la guerra, sino comprender que sólo cuando seamos capaces de otra belleza podremos prescindir de la que la guerra, desde siempre, nos ofrece. Construir otra belleza es tal vez el único camino hacia una auténtica paz. Demostrar que somos capaces de iluminar la penumbra de la existencia sin recurrir al fuego de la guerra. Dar un sentido, fuerte, a las cosas, sin tener que llevarlas hasta la luz, cegadora, de la muerte. Poder cambiar el destino de uno mismo sin tener que apoderarse del de otro; lograr que circulen el dinero y la riqueza sin tener que recurrir a la violencia; encontrar una dimensión étíca, incluso muy elevada, sin tener que ir a buscarla en los confines de la muerte; encontrarse a uno mismo en la intensidad de lugares y momentos que no sean una trinchera; conocer la emoción, incluso la más vertiginosa, sin tener que recurrir al doping de la guerra o a la metadona de las pequeñas violencias cotidianas. En fin, otra belleza, si es que comprendéis lo que quiero decir.
Hoy la paz es poco más que una conveniencia política: no es, en modo alguno, un sistema de pensamiento y una manera de sentir verdaderamente difundidos. Se considera la guerra un mal que hay que evitar, es cierto, pero se está muy lejos de considerarla un mal absoluto: a la primera ocasión, revestida de hermosos ideales, entrar en guerra se convierte rápidamente en una opción factible. A veces, incluso suele elegirse con cierto orgullo. Siguen estrellándose las falenas con la luz del fuego. Una real, profética y valiente ambición por la paz yo la veo únicamente en el trabajo paciente y escondido de millones de artesanos que cada día trabajan para suscitar otra belleza, y la claridad de luces, límpidas, que no matan. Es una empresa utópica, que presupone una vertiginosa confianza en el hombre.
Pero me pregunto si alguna vez nos hemos adentrado tanto, como hoy en día, por un sendero parecido. Y por eso creo que nadie, a estas alturas, logrará ya detener ese camino, o invertir el sentido. Lograremos, antes o después, sacar a Aquiles de aquella mortífera guerra. Y no será ni el miedo ni el horror lo que lo lleve de regreso a casa. Será cierta belleza, una belleza distinta, más cegadora que la suya, e infinitamente más apacible.

Alessandro Baricco
Homero, Ilíada

04 mayo, 2011

Unico, irrepetible



Terremoto en Japón 2011

Todos los bebés son prematuros. El cachorro humano es el más dependiente, tal vez porque no tiene que aprender a volar y cazar por su cuenta, sino que debe incorporar el mundo cultural, que se transmite por el habla y la escritura. La prematurez del niño, su indefensión, origina un apego duradero a los primeros objetos de amor, un deseo de fusión nunca saciado. En todo adulto perdura ese bebé prematuro que aspira a la unión total con el otro. Georges Bataille lo dice a propósito del erotismo. Cada ser es único, irrepetible; su nacimiento, su muerte y los acontecimientos de su vida interesan e implican a otros, pero se nace y se muere solo. Entre un ser y otro hay un abismo, que el erotismo tiende a anular.

Luis Hornstein
Autoestima e identidad. Narcisismo y valores sociales

30 abril, 2011

Al Maestro, con cariño


 Ernesto Sabato (1911 - 2011)

Vivir es estar en el mundo, en un mundo determinado, en una condición histórica, en una circunstancia que no podemos eludir. Y que no debemos eludir, si pretendemos hacer un arte verdadero. ¡Fíjese qué compromiso! Un novelista, con relación a su época, como dije, es un testigo, ya que crítico puede serlo también un pensador. El testimonio de la novela es más completo e integral. Es la gran ventaja de la literatura sobre las otras artes; su misma hibridez (a caballo entre la ficción y la realidad, entre la intuición y el concepto), su misma ambigüedad contradictoria, le permite dar un cuadro más cabal que un pensador. Un gran novelista, inquieta, desasosiega. Creo que fue Nadeau quien dijo que las grandes novelas son aquellas que transforman al escritor, al hacerlas y al lector, al leerlas. Por eso la palabra "agradó", o la palabra ''placer" nada tienen que hacer con esta clase de literatura. No se escribe para agradar sino para sacudir, para despertar.

Ernesto Sabato
Entre la Letra y la Sangre

29 abril, 2011

Al otro lado de la esquina

 Alfred Stieglitz  -  París

... a pesar de todos los boludos que hay en la calle, en los cafés, en los sótanos de los cafés, aquí, en todas partes, a pesar de la lluvia y la ropa empapada, corrí, no solamente por una habitación, no solamente por la parte de la noche para la que busco una habitación, sino que corrí, corrí, corrí, para que esta vez, vuelta la esquina, no me encuentre en una calle vacía de vos, para que esta vez no encuentre sólo la lluvia, la lluvia, la lluvia, para que esta vez te encuentre a vos, del otro lado de la esquina, y me atreva a gritar: ¡camarada!, y me atreva a tomarte del brazo: ¡camarada!, y me atreva a abordarte...

Bernard-Marie Koltès
La noche justo antes de los bosques

27 abril, 2011

El presente

 Horace Pippin - El final de la guerra (1930)

El nacimiento de un hombre es el nacimiento de su pena. Cuanto más vive, más estúpido se vuelve, porque su ansia por evitar la muerte inevitable se agudiza cada vez más. ¡Qué amargura! ¡Vive por lo que está siempre fuera de su alcance! Su sed de sobrevivir en el futuro le impide vivir en el presente.

Chuang Tzu

17 abril, 2011

Un caso difícil

Cold Hand Luke (La leyenda del indomable, 1967)

[Luke entra a una capilla]

Luke: ¿Hay alguien aquí? ¡Ey, Viejo! ¿Estás en casa esta noche? Podrías dedicarme unos minutos. Ya es hora de que tengamos una pequeña charla. Sé que soy un tipo bastante malo... Maté a algunos durante la guerra y me emborraché… y destruí propiedad municipal y cosas así. Sé que no tengo derecho a pedir mucho… pero aún así, Tenés que admitir que no me tiraste una buena en mucho tiempo. Da la sensación de que tuvieras todo arreglado para que yo no gane nunca. Adentro, afuera, todos ellos… reglas y reglamentos, y jefes. Vos me hiciste como soy. Así que ¿dónde se supone que encajo? Viejo, tengo que contarte. Di mis primeros pasos bastante fuertes y rápidos. Pero está empezando a afectarme. ¿Cuándo termina? ¿Qué hago ahora?... Bueno, está bien.

[Se pone de rodillas, cierra los ojos y empieza a rezar]

Luke: De rodillas, suplicando.

[Espía abriendo un ojo, espera. Luego abre ambos ojos y se cruza de brazos]

Luke: Sí, es lo que pensé. Supongo que soy una persona con la cual es difícil negociar ¿no? Un caso difícil. [Chasquea la lengua]. Sí. Supongo que tengo que encontrar mi propio camino.


Luke (Paul Newman)

16 abril, 2011

Leer


Si no fuera historia verdadera, verdadera historia, se podría pensar: no es más que la belleza de una metáfora exacta. En el sentido de que tal vez, siempre, y para todos, leer no es otra cosa que mirar fijamente un punto para no ser seducidos, y destruidos, por el incontrolable deslizarse del mundo. No se leería, nada, si no fuera por miedo. O para aplazar la tentación de un incontrolable deseo al que, se sabe, no sabremos resistirnos. Se lee para no levantar la mirada hacia la ventanilla, ésa es la verdad. Un libro abierto siempre es el certificado de la presencia de un infame —los ojos clavados en aquellas líneas para no dejarse robar la mirada por el ardor del mundo —las palabras que una a una comprimen el fragor del mundo en un embudo opaco hasta hacerlo gotear en pequeñas formas de cristal que se llaman libros —la forma más refinada de batirse en retirada, ésa es la verdad. Una porquería. Pero: dulcísima.

Alessandro Baricco
Tierras de cristal

13 abril, 2011

Ningún amor termina

 Piazza Navona, Roma, Italia

LA REPETICIÓN [PLAZA NAVONA]

Ningún amor termina,
yace en la cara oscura de la mente
como los objetos en el cuarto
luego de apagar la lámpara

Esas sombras no se apartan
oprimiendo una perilla
como quien descorre un cortinado
para llamar a la mañana.

Es por eso que llegamos a olvidar
aun el nombre querido,
a besar labios idénticos
sin reconocer
aquellos que solíamos besar.

Ningún amor termina:
siempre el azar lo trae
a la luz de los días presentes.

Por eso quiero esconder los ojos
tras cristales oscuros
y desviar el haz de la linterna nocturna,
pues vuelvo a ver el turbante que usabas
la tarde del vermut en Plaza Navona,
el lanzallamas negro y los pajaritos.

María Moreno
Banco a la sombra.

10 abril, 2011

Empezando a saber




Eran éstas las cosas que llevaba conmigo en invierno a la ciudad; y no las decía, las encerraba orgulloso en mi corazón. Escuchaba a los compañeros hablar y pavonearse; yo callaba, no porque no me gustase oírles, sino más bien porque comprendía que las cosas realmente verdaderas no hay modo de contarlas. No sólo es menester que quien escucha las sepa, sino que hay que saberlas ya al conocerlas y, en suma, es imposible saberlas por otro. Yo mismo me preguntaba cuándo había empezado a saber, pero era como si me hubiesen preguntado cuándo había conocido a mi padre. La Sandiana un buen día se vino a vivir con nosotros, y sin embargo ni siquiera de ella recordaba que no estaba antes. En aquellos tiempos sólo sabía que nada empieza sino al día siguiente.


Cesare Pavese
Historia Secreta - Fiestas de Agosto

02 abril, 2011

Corazones pequeños



Caravaggio  -  Emaús

¿Cómo no hemos podido saber, durante tanto tiempo, nada de lo que era y, a pesar de todo, sentarnos a la mesa de todas las cosas y personas que íbamos encontrando a lo largo del camino? Corazones pequeños -los alimentamos con grandes ilusiones y al final del proceso caminamos igual que discípulos hacia Emaús, ciegos, al lado de amigos y amores que no reconocemos- fiándonos de un Dios que ya no sabe nada sobre sí mismo. Por eso conocemos la marcha de las cosas y luego recibimos el final de las mismas, pero siempre ausentes de su corazón. Somos aurora y, no obstante, epílogo- perenne descubrimiento tardío.

Alessandro Baricco

Emaús

31 marzo, 2011

Hannah y sus hermanas



Hannah and her sisters (Woody Allen, 1986)

Mickey
[hablándole a Holly]: Un día hace como un mes atrás, realmente toqué fondo. Simplemente sentí que no quería seguir viviendo en un universo sin Dios. Y bueno, resulta que tengo un rifle al cual cargué, lo creas o no, y lo apreté contra mi frente. Y recuerdo haber pensado: me voy a matar. Luego pensé ¿y si me equivoco? ¿Y si hay un Dios? Quiero decir, después de todo nadie lo sabe con seguridad. Luego pensé que no, ya sabes, quizás no es suficientemente bueno. Quiero certeza o nada. Y recuerdo muy claramente el reloj marcando las horas y yo estaba ahí sentado congelado con el arma contra mi cabeza debatiendo si disparar o no.

De pronto el arma se disparó. Había estado tan tenso que sin querer mi dedo apretó el gatillo. Pero como estaba transpirando tanto el arma se resbaló de mi frente y no me dio. 

Holly (Dianne Wiest) y Mickey (Woody Allen)

De repente los vecinos estaban golpeando a la puerta y, no sé, toda la escena era un pandemonio.  Corrí hasta la puerta, no sabía qué decir. Estaba avergonzado y confundido y mi mente andaba a toda velocidad. Sólo estaba seguro de algo: tenía que salir de la casa, tenía que salir al aire fresco y aclarar mi cabeza. Recuerdo muy claramente que anduve por las calles, caminé y caminé, no sabía qué pasaba por mi cabeza, todo me parecía tan violento e irreal. Vagué por un buen rato por Upper West Side, deben haber pasado horas. Me dolían los pies, me palpitaba la cabeza, y me tuve que sentar, entré en un cine. No sabía qué estaban dando ni nada, sólo necesitaba un momento para reunir mis pensamientos y ser lógico y poner al mundo en una perspectiva racional. Y subí al pullman, me senté, daban una película que había visto cientos de veces en mi vida desde que era niño, y siempre amé. Miraba a la gente en la pantalla y me empecé a enganchar con la película. Empecé a sentir, cómo pudiste pensar en matarte, quiero decir, ¿no es algo muy estúpido? Mirá a toda esa gente en la pantalla, son realmente graciosos, ¿y qué si es verdad lo peor? ¿Qué pasa si no hay Dios y si pasás por la vida una sola vez y eso es todo? Entonces, ¿no te gustaría ser parte de la experiencia? Qué diablos, no es tan tremendo. Y pensaba para mí, dios santo, debo dejar de arruinar mi vida buscando respuestas que nunca voy a obtener, y simplemente disfrutarla mientras dure. Y después, quién sabe, quizás haya algo, nadie lo sabe con certeza. Yo sé que quizás sea un hilo muy delgado al cual sujetar tu vida, pero eso es lo mejor que tenemos. Y entonces comencé a respaldarme y empecé a disfrutar.

Holly (Dianne Wiest)

27 marzo, 2011

Piedras



 Marxe - Mar del Sur 2008


En mi vieja casa había una especie de repisa angostita, a la altura de la base de las ventanas, a todo lo largo del comedor. Sobre esa repisa fui dejando piedras que encontraba en mis caminatas por el mar. Piedras especialmente lisas, especialmente nobles, esas que cuando uno las ve en la arena no puede no agacharse a recoger. Esas que parecen haber sido hechas para estar en la palma de una mano, para que uno las palpe con los dedos y los cierre hasta entibiarlas y después a palparlas, a leerlas como un Braille otra vez. Esas cuya belleza es precisamente lo que la abrasión del mar hizo con ellas y lo que no les pudo arrebatar. Esas que parecen ofrecer compañía y pedirla a la vez, cuando se cruzan en nuestro camino. Que establecen con nosotros un contacto absoluto, responden a nuestra mano como si fueran un ser vivo y, sin embargo, al rato no sabemos qué hacer con ellas y las dejamos caer sin escrúpulos, al volver de la playa o incluso antes.

Por tener esa repisa providencialmente a mano, en lugar de soltarlas empecé a traerme de a una esas piedras, de mis caminatas por la playa. Nunca más de una, y muchas veces ninguna (a veces el mar no da, y a veces es tan ensordecedor que uno no ve lo que le da). Así fueron quedando esas piedras, una al lado de la otra, a lo largo de las paredes del comedor. Era lindo mirarlas. Era más lindo cuando alguien agarraba una distraídamente y seguía conversando, en una de esas sobremesas que se estiran y se estiran con la escandalosa languidez con que se desperezan los gatos.

Juan Forn
El mar (autorretrato)

24 marzo, 2011

Una nueva luz



 Xul Solar - Puerto azul

Te equivocas si piensas que la dicha procede sólo o en su mayor parte de las relaciones humanas. Dios la ha puesto por doquier. Se encuentra en todas y cada una de las cosas que podemos experimentar. Sólo tenemos que ser valientes, rebelamos contra nuestro estilo de vida habitual y empezar a vivir al margen de las convenciones.
Lo que quiero decir es que no necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Está ahí fuera, sencillamente, esperando que la agarres, y todo lo que tienes que hacer es el gesto de alcanzarla. Tu único enemigo eres tú mismo y esa terquedad que te impide cambiar las circunstancias en que vives.

Jon Krakauer
Into the wild

22 marzo, 2011

Permanecer

Sería todo mucho más sencillo si no te hubieran inculcado esa historia de llegar a algún sitio, bastaría con que te hubieran enseñado, sobre todo, a ser feliz permaneciendo inmóvil. Todas esas historias sobre tu camino. Encontrar tu camino. Ir por tu camino. A lo mejor, en cambio, estamos hechos para vivir en una plaza, o en un jardín público, allí quietos, dejando pasar la vida, a lo mejor somos una encrucijada, el mundo necesita que estemos quietos, sería un desastre que nos marcháramos, en un momento dado, por nuestro camino, ¿qué camino?, los otros son los caminos, yo soy una plaza, no llevo a ningún sitio, soy un sitio.



Sarebbe tutto più semplice se non ti avessero inculcato questa storia del finire da qualche parte, se solo ti avessero insegnato, piuttosto, a essere felice rimanendo immobile. Tutte quelle storie sulla tua strada. Trovare la tua strada. Andare per la tua strada. Magari invece siamo fatti per vivere in una piazza, o in un giardino pubblico, fermi lì, a far passare la vita, magari siamo un crocicchio, il mondo ha bisogno che stiamo fermi, sarebbe un disastro se solo ce ne andassimo, a un certo punto, per la nostra strada, quale strada?, sono gli altri le strade, io sono una piazza, non porto in nessun posto, iosono un posto.

Alessandro Baricco
City

19 marzo, 2011

La última pena



John Atkinson Grimshaw - Nightfall down the Thames 

Quietud

La uva está madura, el campo arado,
el monte se destaca de las nubes.

En los espejos polvorientos del estío
ha caído la sombra,

entre los dedos inciertos
su resplandor es claro,
y lejano.

Y con las golondrinas huye
la última pena.

Giuseppe Ungaretti
Sentimiento del tiempo

14 marzo, 2011

Dans París


Dans Paris (Christophe Honoré, 2006 )


Paul: En esta casa es raro no ser interrumpido. Había perdido el hábito.

Romain Duris (Paul) y Alice (Alice utaud)


Paul: Teníamos una hermana, Claire. Recuerdo que una o dos veces por mes ella pasaba todo el día con un pañuelo sonándose la nariz. Nada podía sacarla de ese dolor en el alma, ni las mejores bromas, ni las más grandes confesiones. Los intentos por distraerla eran en vano porque ella lloraba sin motivo. Ella misma lo decía. Era un antiguo lamento, tan antiguo que probablemente lo sintió por primera vez en una vida anterior, en la Edad Media, o en los tiempos de la adoración a los Reyes. Desde entonces esa tristeza regresaba regularmente. Era imposible para Claire escapar de eso, era inútil. Ella los llamaba “días de espanto”. Los recibía con una sonrisa, como a familiares. Sus ojos permanecían húmedos. Yo podría haberla estrangulado en esos días por no ser capaz de ayudarla, me sentía tan humillado. Como si ella estuviera probando mi impotencia frente a los dolores de los otros.

Alice: Entonces ¿ella lloraba para irritarte?

Paul: No era contra mí, sólo lloraba, como un Buda o alguna otra divinidad. Es imposible para los demás admitir ser capaz de llorar de ese modo, con aquella sonrisa… entonces Claire se mató cuando tenía 27 años. Todos quedaron sorprendidos. Ante esa angustia el espanto reinó en nuestra casa. Mi hermana era hermosa y alegre. Todo lo hacía en comunión, ¿entendés lo que quiero decir? Ella compartía todo. Si, sus “días de espanto”, creo que aquellos antiguos sufrimientos la mataron. Creo que nosotros subestimamos groseramente la tristeza en general. Sin duda siempre morimos de tristeza.

Alice: ¿Querés decir que la tristeza se nos pone dentro cuando nacemos?

Paul: Sí.

Alice: ¿Cómo el color de los ojos?

Paul: Sí, exactamente. Es por eso que necesita de nuestro cuidado pero los demás no pueden hacer nada. Nadie puede hacer nada sobre el color de los ojos. Además creo que es justo dejar a cada uno cuidar de su tristeza solo.

 Romain Duris (Paul)

12 marzo, 2011

La expansión infinita

Egon Schiele - Hockender männlicher Akt

Subí por las piernas, llené la pelvis, el tronco, los brazos, la cabeza, borré todo residuo de moral, fui por completo una espesa maldad. Haciendo un esfuerzo fenomenal abandoné el apego a mi forma humana y desbordé. Saliéndome del recipiente carne, crecí hacia todas las direcciones como una masa voraz, comencé a invadir la casa, la ciudad, el país, el planeta, la galaxia, hasta colmar el universo y continuar la expansión infinita. En mí habitaban los monstruos del espacio, los demonios, las entidades ambiguas, los insidiosos fantasmas, los asesinos dementes, las ratas, las víboras, los insectos venenosos... Luego imaginé sentir lo inverso: la amenaza infinita, la sombra mortal comenzó a invadir el espacio desde todos los puntos, e inundó el cosmos avanzando hacia mí. Se tragó las galaxias, nuestro sistema solar, el planeta, el continente sudamericano, Chile, Santiago, el barrio, mi casa, mi cuarto, y por fin se concentró en mi cuerpo. Al mismo tiempo que yo ocupaba el universo, el universo todo se acumulaba debajo de mi piel.

Alejandro Jodorowsky
La danza de la realidad.

10 marzo, 2011

Todo se ha dormido




Elegía para John Donne

[...]
John Donne se ha dormido. Se han dormido, duermen los versos.
Todas las rimas, las imágenes. No se puede distinguir
las buenas de las fallidas. El vicio, la angustia, los pecados,
callados por igual, reposan en sus sílabas.
Y cada verso es hermano a otro verso: aunque en sueños
musiten uno al otro: hazte un poco a un lado.
Pero las puertas del Paraíso quedan tan lejos a
cualquiera de ellos,
cada uno es tan pobre, denso y puro, que en todos hay unidad.
Duermen todas las líneas. Duerme la rigurosa bóveda de los yambos.
Los troqueos duermen todos como guardianes, a la izquierda, a la derecha.
En ellos reposa la imagen de las aguas del Leteo.
Y detrás de ella duerme profundamente la gloria.
Duermen todas las desgracias. También los sufrimientos se han dormido.
Los vicios duermen. El bien se ha abrazado al mal.
Los vicios duermen. La blancuzca nevada
busca en el espacio alguna mancha negra.
Todo se ha dormido. Duermen profundamente las filas de los libros.
Bajo el hielo del olvido duermen los ríos de palabras.
Duermen todos los discursos, con todas sus verdades.
Duermen sus cadenas. Los eslabones suenan levemente.
Todos duermen profundamente: los santos, Dios, el diablo.
Sus pérfidos sirvientes. Sus hijos. Sus amigos.
La nieve sola susurra por los oscuros caminos.
Y ya no hay sonidos en el mundo entero.

Joseph Brodsky
(Versión de Tatiana Bubnova)
[fragmento]

06 marzo, 2011

Un crimen complejo


William-Adolphe Bouguereau
El remordimiento de Orestes (1862)

Porque entonces yo ya sabía que aquella enfermedad era una condena. Tal vez todas las enfermedades lo sean, aunque no puedo asegurarlo, quizá también haya accidentes. Pero a mí me habían castigado. ¿Por qué? ¿Dónde me había equivocado, qué delito había cometido? Sospechaba que todo ello guardaba una difusa relación con la música, con E., con mi estilo de vida, con mi método de trabajo y con todo lo que yo era... Todo eso constituía una especie de crimen complejo consistente en no haber vivido, trabajado y amado como debería haberlo hecho. Pero, por Dios, ¿cómo debería haberlo hecho? Nadie me lo había explicado nunca. Nadie me había ayudado nunca.

Sandor Márai
La Hermana

04 marzo, 2011

Hamam

Francesco (Alessandro Gassman) y
Mehmet (Mehmet Günsur)

Hamam (Hamam, el baño turco, 1997 - Ferzan Ozpetek)

Marta leyendo una carta de Tía Anita a su hermana Giuliana:
Hay días, a primeros de octubre, en que de pronto Estambul se vuelve gris. El verano parece terminar de golpe. Todos los años me sorprende. Será porque, desde que llegué, me he sentido como de vacaciones. Y, cuando llega el otoño, así, sin avisar, me acuerdo de Italia y me asalta la melancolía. Cuando me despierto por la mañana trato de imaginarme qué haces al levantarte, qué desayunas. A lo mejor te abrigas porque empieza a hacer frío. A lo mejor piensas en mí alguna vez. Cuando llega el otoño, Giuliana, me siento sola. Entonces empiezo a pensar en el pequeño Francesco. Me gustaría saber cómo está, qué juegos le divierten, qué le gusta comer y qué piensa. Seguro que es un niño muy inteligente y reservado como tú. Tu hijo. Mi único sobrino. ¿Le hablas de mí alguna vez? Me gustaría que creciera como su padre, fuerte, valiente, responsable. Que tuviera la mirada limpia para reconocer los deseos y los brazos fuertes para hacerlos realidad. Me gustaría que fuera un hombre libre, un hombre feliz… porque se puede ser feliz en esta vida, Giuliana. Hay que serlo.


Marta (Francesca D'Aloja)

28 febrero, 2011

Poesía, amor y libertad




-O sea que ella no te guió en la literatura.

Enrique Molina -No. Yo empecé a leer de chico y me fascinaba. El primer verso que escribí, cuando era muy chico, era a una estrella. Una noche, tenía ocho años, estaba sentado en un patio grande, en el campo, y miraba el cielo. No sé cómo, escribí una cuarteta dedicada a una estrella. Sentí una emoción por la noche, que quería expresar, comunicar. Uno nunca alcanza a comunicar la conmoción de un chico que, de repente, tiene conciencia de la noche, del verano, del cielo, del cosmos, del universo. Era una noche de campo, en Corrientes, en Bellavista, cerca del Paraná, en una estancia que tenía mi padre.

[...]

-¿Seguís escribiendo y haciendo tus collages ?

Enrique Molina -Espero no escribir más. Pero escribir es una fatalidad. La vida no ha tenido otro sentido que lograr una expresión poética y he dejado lo que para otros es la vida más normal, en busca de ese sueño, de esa locura que es la poesía cuando la querés vivir en su totalidad. Por supuesto, nunca se logra, nunca se alcanza lo que uno quiere, es una presa que siempre se escapa. De todos modos, ha sido mi única motivación, el único impulso, que me ha llevado. No concibo separar la vida de la poesía, ése es en realidad el sentido profundo del surrealismo: identificar en un solo término la poesía, el amor y la libertad.


Fragmento del reportaje de Lía Rosa Gálvez a Enrique Molina en La Nación - Cultura.

26 febrero, 2011

Estaciones

Ma Yuan - Paso de montaña en primavera


Nos trasladamos a ver al poeta budista Yang Jian. Maanshan es una ciudad pequeña cuya principal fuente de ingresos es la fabricación de equipos de aire acondicionado, que a pesar de contar con la tumba de Li Po no atrae al turismo. Ahí, en un tiempo muchísimo mayor al que teníamos asignado, en un brindis perpetuo, Yang Jian nos contó que se encontraba decepcionado por el crecimiento económico de su país, decía que hace 20 años eran más pobres y más felices, pero más le alarmaba la pérdida de las estaciones intermedias, que si sólo iba a haber invierno y verano, la poesía china iba a desaparecer. Como a muchos de sus contemporáneos, poco le importaba lo que pasaba fuera de la poesía china.


Templo Zhen Shan

¡Qué distendido parece el banano!
Un perro ladra, mordiendo sus propias pulgas,
y cansado de ladrar más tarde se tira a dormir.
Una chica da vuelta las hojas de loto,
mientras su hermano va con un balde hacia la huerta;
todo alrededor, montañas, montañas,
como el hábito abierto de un monje.
Unos campesinos cavan en el campo de ajo,
y la luz penetra en la tierra:
así es cómo los muertos obtienen la felicidad.
El barro extraído del fondo del estanque
se apila junto al borde:
vivimos en una época llena de revelaciones.

Yang Jian 
(Maanshan, 1967)

Fragmento del artículo La revolución subterránea
por Miguel Angel Petrecca y Darío Rojo.

23 febrero, 2011

Baricco y Argentina

Alessandro Baricco

"Muchas veces pospuse este viaje, tal vez porque la Argentina me fascina de tal manera, que siempre pensaba que era demasiado pronto o que el tiempo no sería suficiente. Ahora ya es tiempo de que vaya", dice con un aire místico y solemne. ¿De dónde nace la fascinación de Baricco por Argentina? Es fácil imaginarlo un poco más desaforado gritando los goles de Maradona a la Juventus, el archirrival de su amado y humilde Torino. "Seguramente hay razones deportivas, que se filtraron por mi gran amor por Osvaldo Soriano, uno de los que me contó de manera mítica estas tierras. No sólo me transmitió el amor por el fútbol, sino también el amor por el arte, la música, la literatura, la admiración por el tango, y la idea de las raíces italianas de tanta gente que vive acá. La idea de los espacios extraños, aparentemente infinitos. Son muchas las cosas que hacen de la Argentina –no sólo para mí– un lugar mítico", explica sin que valga la pena desasnarlo acerca de cómo los "míticos" argentinos maltratamos en vida a Soriano. Más feliz lo hace sí, el reconocimiento del que goza su mentor Gianni Vattimo. "Para mí fue el mejor. Sus lecciones, sus lecturas de Nietzsche y de Heidegger eran verdaderamente una nueva frontera para nosotros."


Fragmento del reportaje a Alessandro Baricco en revista Ñ con motivo de la visita del escritor a la Feria del Libro de Buenos Aires de 2010.

18 febrero, 2011

Se cantaba


Diego Manso-¿Y cantabas para tu familia o era algo más bien secreto?

Joan Manuel Serrat-Es que en aquel tiempo se cantaba. Hoy es una cosa difícil de entender, porque el hecho de cantar queda más bien circunscrito a los cantantes. Ahora sólo cantan los cantantes. Antes cantaba todo el mundo. Antes la gente cantaba en la calle, haciendo el trabajo... En los andamios los albañiles cantaban, en las forjas cantaban los herreros, cantaban los guarnicioneros mientras cosían las correas de las caballerías. ¡La gente cantaba! ¡Cantaban las mujeres mientras hacían las camas!

Fragmento del reportaje a Joan Manuel Serrat publicado en Ñ.

16 febrero, 2011

La nada en que no pasa nada



Sebastián Spreng - Voyage


VOLVER

Volver a una patria lejana,
volver a una patria olvidada,
oscuramente deformada
por el destierro en esta tierra.
¡Salir del aire que me encierra!
y anclar otra vez en la nada.
La noche es mi madre y mi hermana,
la nada es mi patria lejana,
la nada llena de silencio,
la nada llena de vacío,
la nada sin tiempo ni frío,
la nada en que no pasa nada.

Xavier Villaurrutia

31 enero, 2011

Rascarse



Edward Burra - John Deth (1932)

Dondequiera que voy las personas están echando a perder sus vidas. Cada cual tiene su tragedia privada. La lleva ya en la sangre: infortunio, hastío, aflicción, suicidio. La atmósfera está saturada de desastre, frustración, futilidad. Rascarse y rascarse... hasta que no quede piel. No obstante, el efecto que me produce es estimulante. En lugar de desanimarme, o deprimirme, disfruto. Pido a gritos cada vez más desastres, calamidades mayores, fracasos más rotundos. Quiero que el mundo entero se descentre, que todo el mundo se rasque hasta morir. 

Henry Miller
Trópico de Cáncer

27 enero, 2011

Les amours imaginaires



Les amours imaginaires (2010,  Xavier Dolan)


Mujer joven: Lo disculpo. Me digo que es normal que llegue tarde. Porque... Porque soy débil y...alguien a quien pones en un pedestal siempre tiene razón.



Hombre joven:  Cuando pienso en lo que hice, el dinero que gasté para seducirla... Pienso en eso y me da tanta vergüenza... que me pongo... a cantar.  ¡A cantar! Canto en el salón, en la ducha, fregando. Canto.

25 enero, 2011

A solas


Desde el primer día había hecho intención, por cortesía, de bajar al agua con ella, pero Clelia se había detenido mirándome, con una sonrisa ambigua. -No, no -había dicho. Yo, sorprendido, la había mirado-. No, no, me meto al agua sola-. No había habido forma. Me había explicado que ella todo lo hacía en público, pero que con el mar se veía a solas. -Pues es raro. -Es raro, pero es así-. Nadaba bien y no era por vergüenza. Era una decisión suya. -La compañía del mar me basta. No quiero a nadie. En la vida no tengo nada mío. Déjeme al menos el mar-. 

Cesare Pavese
La Playa

   Mar del Sur, Argentina (enero 2011) por Marxe

Fin dal primo giorno avevo accennato per cortesia a scendere in acqua con lei, ma Clelia si era fermata guardandomi, con un sorriso ambiguo. “No, no,” aveva detto. Io, sorpreso, l'avevo guardata. “No, no, vado in acqua da sola.” Non c'era stato verso. Mi aveva spiegato che lei tutto faceva in pubblico, ma col mare se la vedeva da sola. “Ma è strano.” “È strano, ma è cosi.” Nuotava bene e non era per imbarazzo. Era una sua decisione. “La compagnia del mare
mi basta. Non voglio nessuno. Nella vita non ho niente di mio. Mi lasci almeno il mare.”


Cesare Pavese
La Spiaggia

17 diciembre, 2010

Mine Vaganti


Mine Vaganti (Ferzan Ozpetek, 2010)

Tomasso: Y luego, estamos a menudo en casa... a veces nos vienen a ver nuestros amigos, otras veces estamos solos. Yo leo o escribo en la computadora mientras Marco está estudiando... A veces estando acá me imagino que se me aparece de repente en la calle. En Roma siempre va delante de mí, camina más rápido... entonces yo me paro y me pongo a observarlo desde atrás, cómo mueve los hombros, cómo avanza entre la gente, solo, como si yo no estuviera. No sé por qué pero eso me conmueve. Entonces él se da cuenta, se da vuelta y me sonríe. Yo dejo de mirarlo, doy dos pasitos rápidos y lo alcanzo.

 Carmine Recano (Marco), Nicole Grimaudo (Alba)
y Riccardo Scamarcio (Tomasso)




Tomasso: Che poi stiamo spesso in casa. A volte ci vengono a trovare i nostri amici, altre volte stiamo soli. Io leggo oppure scrive al computer, mentre Marco sta lì che studia. Certe volte quando sto qua, m'immagino così...che m'appaia, all'improvviso, per strada. A Roma mi sta sempre davanti, perché cammina più veloce. Allora io mi fermo, e mi metto ad osservarlo, da dietro: come muove le spalle, come se ne va in mezzo alla gente, da solo, come se io non ci fossi.
Non lo so perché ma questa cosa mi fa commuovere...fino a che non se n'accorge, allora si gira, mi sorride e io smetto di guardarlo, faccio due passetti veloci e lo raggiungo.

02 diciembre, 2010

Un tiempo para cada cosa



 Steve McCurry - The Art of Timing

A veces ser un amigo significa dominar el arte del tiempo. Hay un tiempo para el silencio. Un tiempo para dejar ir y permitir que las personas se lancen hacia su propio destino, y un tiempo para prepararse a recoger los pedazos cuando todo se acaba.

Gloria Naylor

30 noviembre, 2010

Un extraño en la Tierra



Me siento, como todos nosotros, un extraño en la Tierra. Este es un mundo absolutamente exquisito, no hay más que mirarlo, tan distinto de nosotros. Hemos adquirido un conocimiento que las otras criaturas no tienen, la conciencia de la muerte, y hemos pagado un precio enorme por ello; sólo hay que ir a cualquier sala de espera de un hospital psiquiátrico para entender el daño que la conciencia nos ha infligido. Se trata de un regalo muy valioso, pero también muy difícil. Un don que nos ha distanciado del mundo, de los animales, lo cual me consterna profundamente. ¿Sabes cómo nos miran los animales? No me refiero sólo a los animales domésticos sino también a los salvajes. Nos miran con perplejidad, y constantemente tratan de comprendernos.

John Banville

ver la entrevista completa de Rodrigo Fresán en Página12.

26 noviembre, 2010

La puerta de entrada


Diana Bellessi

Hay libros que te tocan como un rayo. No son, quizás, el punto máximo de un autor, pero son a veces la puerta de entrada a su obra, o fueron leídos en un momento preciso de la historia o de tu biografía y resuenan para siempre, como el tambor más fino en la memoria de tu cuerpo, o como una melodía que despierta aquellas ansias primeras de lectura, aquella razón por la que amamos leer desde la temprana infancia y nos acompaña todavía: entrar a otros mundos que son este, que son otros, que son un misterio interminable, como entrar a un sueño...
Hay libros de los que uno es protagonista, es la criatura del autor, la hija de Dios. Han sido escritos con la materia de tu inconsciente, han sido escritos para vos. La relación que se sella entonces con ese escritor y con toda su obra, cuando el milagro vuelve a repetirse en sus otros libros, es completamente inexplicable y misteriosa; es arrasadora y dulce y te acompaña toda la vida, como si hubiese sido lo primero que leíste, lo último que leerás. Si ese autor es contemporáneo y está vivo, aunque el pudor y la timidez sean tus rasgos, querés conocerlo, querés llamar a la puerta de su casa para decirle: "vos, me has escrito".
Dicen que es un error, que allí sólo la desilusión te espera, porque nunca encontrarás a tu creador, sino a la persona, pequeña como vos o como cualquiera, haciendo su trabajo. Dicen que es mejor guardar la ilusión en la distancia, porque el diamante es un rasgo de la persona, no la persona entera que se deshace como el reflejo cuando se alza frente a vos. Pero yo puedo desmentirlo, la creatura, crichy, en la traducción de The Word for World is Forest, hizo su largo viaje para hallarla, y nada se derrumbó. Acabo de leer su última novela, Lavinia, y la magia aún me acompaña. Hablo de Úrsula K. Le Guin, y de aquel libro primero donde pisé el umbral de sus dominios, El nombre del mundo es bosque.
Me gusta pensar que cada autor tiene una legión de lectores, pero que a veces, uno de ellos se cree único; me gusta pensar como una niña porque sólo de esa manera soy una lectora apasionada, perdida de mí y hallada en las páginas que leo, in the wood of words where is the world...

Diana Bellessi

16 noviembre, 2010

Ese encuentro incesante con las carencias




Y aunque deseo fuese también una vaga definición de fuerzas incomprensibles, se lo sentía presente y activo, presente en cada error y también en cada salto adelante, eso era ser hombre, no ya un cuerpo y un alma sino esa totalidad inseparable, ese encuentro incesante con las carencias, con todo lo que le habían robado al poeta, la nostalgia vehemente de un territorio donde la vida pudiera balbucearse desde otras brújulas y otros nombres.

Julio Cortázar
Rayuela

30 octubre, 2010

Miguel Hernández - 100 años



Y el rayo no cesa... 100 años tiene hoy pegándonos en la herida. Con sonrisa te fuiste de la tierra y del cielo...



Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.

Soy un triste instrumento del camino.
Soy una lengua dulcemente infame
a los pies que idolatro desplegada.

Como un nocturno buey de agua y barbecho
que quiere ser criatura idolatrada,
embisto a tus zapatos y a sus alrededores,
y hecho de alfombras y de besos hecho
tu talón que me injuria beso y siembro de flores.

Coloco relicarios de mi especie
a tu talón mordiente, a tu pisada,
y siempre a tu pisada me adelanto
para que tu impasible pie desprecie
todo el amor que hacia tu pie levanto.

Más mojado que el rostro de mi llanto,
cuando el vidrio lanar del hielo bala,
cuando el invierno tu ventana cierra
bajo a tus pies un gavilán de ala,
de ala manchada y corazón de tierra
Bajo a tus pies un ramo derretido
de humilde miel pataleada y sola,
un despreciado corazón caído
en forma de alga y en figura de ola.

Barro en vano me invisto de amapola,
barro en vano vertiendo voy mis brazos,
barro en vano te muerdo los talones,
dándole a malheridos aletazos
sapos como convulsos corazones.

Apenas si me pisas, si me pones
la imagen de tu huella sobre encima,
se despedaza y rompe la armadura
de arrope bipartido que me ciñe la boca
en carne viva y pura,
pidiéndote a pedazos que la oprima
siempre tu pie de liebre libre y loca.

Su taciturna nata se arracima,
los sollozos agitan su arboleda
de lana cerebral bajo tu paso.
Y pasas, y se queda
incendiando su cera de invierno ante el ocaso,
mártir, alhaja y pasto de la rueda.

Harto de someterse a los puñales
circulantes del carro y la pezuña,
teme del barro un parto de animales
de corrosiva piel y vengativa uña.

Teme que el barro crezca en un momento,
teme que crezca y suba y cubra tierna,
tierna y celosamente
tu tobillo de junco, mi tormento,
teme que inunde el nardo de tu pierna
y crezca más y ascienda hasta tu frente.

Teme que se levante huracanado
del bando territorio del invierno
y estalle y truene y caiga diluviado
sobre tu sangre duramente tierno.

Teme un asalto de ofendida espuma
y teme un amoroso cataclismo.

Antes que la sequía lo consuma
el barro ha de volverte de lo mismo.

Miguel Hernández



26 octubre, 2010

Construir sobre abismos




Conocer esas asechanzas y esos peligros, y querer correr de todos modos el riesgo, es aceptar lo Trágico como motor de lo real. Otra manera de expresar la naturaleza fáustica.
La sabiduría trágica consiste en tener siempre presente la idea de que sólo se construye la propia singularidad sobre abismos, entre bloques de miseria lanzados a toda velocidad al vacío. De ahí las importantes probabilidades de fracaso, conflagración y desintegración de los proyectos cuando comienza la expansión. Pero no le importa al alma así templada, conocer el resultado, inevitable, de sus intentos. En último caso, es siempre la muerte quien triunfa, y la disolución cierta en la inconsistencia. Pero antes del gesto, sólo por la elegancia de la práctica, existen pocas audacias que nos den esta ilusión, exaltante mientras nos habita, de que tenemos el poder de desafiar al Destino, de contravenir sus leyes y despreciar la muerte.

Michel Onfray
La Construcción de uno mismo

16 octubre, 2010

Como un chico que juega



 Marion Post Wolcott - Afroamericanos pescando en
un arroyo cerca de las plantaciones de algodón -
Belzoni, Mississippi (1939)

Lo mismo que trabajar para encauzar esa nueva corriente del riachuelo para que corra a través del nuevo charco adecuadamente profundo junto a la plataforma de madera que está sobre el dique, perdiéndome en la tarea como un chico que juega, son las pequeñas cosas de la vida las que importan (los clichés son perogrulladas y todas las perogrulladas  son verdades) – En mi lecho de muerte yo podría recordar ese día en el riachuelo y olvidar el día en que MGM compró mi libro, podría recordar la vieja camiseta verde gastada que perdí y olvidar la batas de color zafiro—Tal vez sea el mejor modo de entrar al Paraíso.

Jack Kerouac
Big Sur

10 octubre, 2010

Cosas normales



 Walker Evans - "Floyd Burroughs"

Por primera vez se avergonzó de no tener carnet de conducir a sus veintidós años. Ésa era otra de las cosas que se había saltado, otro de los consabidos pasos de la vida de un joven que él había preferido no dar, a fin de seguir al margen del engranaje de la vida; como comer palomitas en el cine, sentarse en el respaldo de los bancos, no respetar la hora de volver a casa impuesta por los padres, jugar al fútbol con pelotas de papel de aluminio o quedarse desnudo ante una chica. Y pensó que aquello cambiaría. Sí, obtendría el carnet cuanto antes. Y lo haría por ella, para llevarla de paseo en coche. Porque —miedo le daba admitirlo— cuando estaba con ella sentía que valía la pena hacer todas esas cosas normales que hacen las personas normales. 

Paolo Giordano
La soledad de los números primos