30 julio, 2011

Sólo un sueño (Revolutionary Road)

Leonardo Di Caprio (Frank) y Kate Winslet (April)
Revolutionary Road (Sam Mendes, 2008)

April:  Decir la verdad, Frank ¿te acordás de eso? Solíamos apoyarnos en eso. ¿Y sabés qué es lo grandioso de la verdad? Todos saben qué es sin importar cuánto tiempo hayan vivido sin ella. Nadie olvida la verdad, Frank, tan sólo se vuelven mejores mentirosos.


 John (Michael Shannon)

Frank: Nos estamos escapando del vacío sin esperanza de toda la vida, ¿verdad? 

John:  El vacío sin esperanza... por fín lo dijiste. Mucha gente habla sobre el vacío, pero se necesitan verdaderas agallas para ver la falta de esperanza.

13 julio, 2011

Una historia preciosa


Se había desvelado. Y eso que ante la tele los ojos se le cerraban... Emitían un documental sobre la migración de las ballenas. A Teresa le encantaban los documentales sobre la naturaleza, en especial sobre ballenas y delfines, como aquel. Le gustaban los cetáceos porque, como ella decía, con lo mucho que les costó abandonar el mar, una vez en tierra firme decidieron regresar al agua. Millones de años tardaron en transformarse en cuadrúpedos, y otros tantos en volver a ser peces. Danilo encontraba la historia preciosa, sin saber por qué. "Pues porque cuando uno se equivoca -le explicó ella un día-, hay que saber dar marcha atrás." Y Danilo no supo si lo decía por ellos.

Niccolò Ammaniti
Como Dios manda

17 junio, 2011

No te amarán como te amaba yo

Youssef Nabil -  Autorretrato de noche en París (2005)


Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

Ernesto Cardenal
Epigramas

11 junio, 2011

La lenta búsqueda de la lucidez

Li Zijian

Con cierto alivio se entregó al abandono. Se dijo que todo lo había hecho siempre por alguien, y que ahora que estaba sola bien podía por fin rendirse, abandonarse. Disponía de más tiempo para hacer las mismas cosas, pero la invadía una suerte de pereza, de cansancio, la sensación de desplazarse a través de un líquido viscoso. Acabó descuidando hasta las tareas más sencillas; la ropa sucia se amontonaba en el baño, pero ella, que se pasaba horas echada en el sofá, aun sabiendo que lavarla exigía un mínimo esfuerzo, no veía razón alguna para mover un músculo.
Pretextó una gripe para no ir al trabajo. Dormía mucho más de lo que necesitaba, incluso de día. Ni siquiera bajaba las persianas, sólo tenía que cerrar los ojos para suprimir la luz, borrar los objetos circundantes, olvidar su cuerpo odioso, cada vez más débil pero no menos tenazmente aferrado a las sombras. Seguía sintiendo el peso de las consecuencias como una losa que la oprimía incluso cuando dormía, y dormir, con un sueño pesado y cargado de pesadillas, le era cada vez más indispensable. Si se le secaba la garganta, tenía la sensación de que se ahogaba; si el brazo dormido le hormigueaba, era que un perro se lo devoraba; si, de tanto dar vueltas, sacaba los pies de las mantas y se le quedaban helados, se veía de nuevo en aquel barranco, hundida en la nieve hasta el cuello. En este caso, sin embargo, casi nunca tenía miedo; estaba paralizada y sólo podía mover la lengua, que sacaba para probar la nieve; la nieve estaba dulce y quería comérsela, pero, ay, no podía girar la cabeza; así que se quedaba quieta, esperando a que el frío le subiera por las piernas y le congelara la sangre.
Despertaba con la cabeza llena de pensamientos incoherentes. No se levantaba hasta que no había más remedio y la confusión de su mente empezaba a disiparse, no sin dejarle una niebla lechosa, recuerdos de sueños interrumpidos que se mezclaban con los reales y no parecían menos verdaderos. Entonces erraba por el apartamento silencioso como fantasma de sí misma en lenta búsqueda de lucidez. Me estoy volviendo loca, pensaba a veces. Pero no le importaba. Al contrario, sonreía satisfecha, porque por fin elegía ella.

Paolo Giordano
La Soledad de los números primos

02 junio, 2011

Contemplación

 Edward Weston (Tina Modotti en el balcón, 1923)

No sé jugar al bridge. No juego al tenis.
Siento que no tengo tiempo para todas esas cosas que la gente aprende y aprecia.
Pero para lo que sí tengo tiempo es para mirar por la ventana.

Alice Munro

29 mayo, 2011

Pequeñas cosas



 Guillaume Canet

"Es sin duda mi filme más personal. Estaba pasando momentos muy difíciles en mi vida, en los que me di cuenta de que no había tomado buenas decisiones ni elecciones. Me había desperdigado mucho en mi trabajo, lo hacía todo sin parar y me había perdido muchas cosas, incluso amigos. El mundo va tan rápido que uno no tiene tiempo realmente de vivir las cosas y digerirlas, todo tiene que ser inmediato, parece que no pudiéramos detenernos y así no podemos disfrutar de las pequeñas cosas que nos aporta la vida. Pensé que ese sentimiento lo podía compartir con el público, hablar de lo importante de la amistad y del amor, de decir a la gente que uno quiere que la quiere antes de que sea demasiado tarde". Se ha puesto algo sentimental Canet, pero lo hace con una sinceridad y una tranquilidad que apabulla, también con una bonita sonrisa en el rostro.

27 mayo, 2011

Sólo una cuestión de amor



Juste une question d'amour (Christian Faure, 2000)

Laurent: ¿Ya has estado enamorado?

Cédric: Sí, pero para que dos vivan juntos tenés que aprender a mentir, y yo no sé hacerlo.

Laurent: Eso es demasiado científico…

Cédric: Sí, probablemente

Cyrille Thouvenin (Laurent) y Stéphan Guérin-Tillié (Cédric)



Danièle Denie (Jeanne) y Eva Darlan (Emma)

Emma: [a Laurent] Es una pena que a tu edad soportes todo ese dolor inútil


Cyrille Thouvenin (Laurent) y Idwig Stephane (Pierre)

Pierre: ¿Pensaste en nosotros en algún momento?

Laurent: Eso es lo que he estado haciendo toda mi vida, pensar en ustedes. Pero dejame hablar a mí ¿sí? Conocés a Cédric, estoy enamorado de él. Sí, lo quiero. Sí, amo a un hombre, sé que no podés soportar la idea, pero es así. No es un tema de ser gay o lo que sea, es simplemente una cuestión de amor. Papá, no es tu culpa, ni mía. Vos sos reservado con estos temas, y yo también.

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Coloquio Sentimental
 

Por el viejo parque solitario y helado
Dos formas acaban de pasar.

Sus ojos están muertos y sus labios son suaves,
Y apenas se entienden sus palabras.

En el viejo parque solitario y helado
Dos espectros evocaron el pasado.

- ¿Te acuerdas de nuestro éxtasis antiguo?
- ¿Por qué quieres pues que me acuerde?

- ¿Tu corazón late siempre por mi solo nombre?
¿Siempre ves mi alma en sueños?
- No.

- ¡Ah! ¡Los bellos días de felicidad indescriptible
En los que uníamos nuestras bocas!
- Es posible.

¡Cuando era azul, el cielo, y grande la esperanza!
- La esperanza huyó, derrotada, hacia el cielo negro.

Así se marcharon entre la avena silvestre,
Y solo la noche oyó sus palabras.

Paul Verlaine
Fiestas galantes (1869)
(versión de Susana R. Verano) 

22 mayo, 2011

El corazón salvaje de la vida

foto:  ahlime

Estaba solo. Estaba despreocupado, feliz, próximo al corazón salvaje de la vida. Era joven y estaba solo, determinado y loco de pasión, solo en medio de un derroche de aire puro y agua salobre, de una cosecha marina de valvas y algas laminares, y la luz velada y gris del sol y figuras de niños y muchachas con ropas alegres y livianas y voces infantiles y femeninas en el aire.


James Joyce
Retrato del artista adolescente

20 mayo, 2011

La misma historia en todas partes

Christopher Anderson

La misma historia en todas partes. Si quieres pan, tienes que aceptar la rutina del trabajo, marcar el paso. Por toda la tierra un desierto gris, una alfombra de acero y cemento. ¡Producción! Más tuercas y tornillos, más alambre de púas, más galletas para perros, más segadoras mecánicas para césped, más rodamientos de bolas, más explosivos instantáneos, más tanques, más gas venenoso, más jabón, más pasta de dientes, más periódicos, más educación, más iglesias, más bibliotecas, más museos. ¡Adelante! El tiempo apremia. El embrión está abriéndose paso por el cuello de la matriz, y ni siquiera hay una gota de saliva para facilitar la salida. Un parto seco, estrangulados Ni un gemido, ni un chirrido. Salut au monde! Salva de veintiún cañones zumbando desde el recto. «Llevo el sombrero como me place, dentro o fuera de casa», decía Walt. Aquélla era una época en que todavía podías encontrar un sombrero de tu talla. Pero el tiempo pasa. Para encontrar ahora un sombrero de tu talla tienes que ir a la silla eléctrica. Te dan un gorrito. Un poco justo, ¿eh? Pero ¡no importa! Te está bien. 

He
nry Miller
Trópico de Cáncer

14 mayo, 2011

A la Naturaleza más...


CLXXVIII

Hay cierto placer en el seno de los bosques impenetrables,
hay algo embelesador en la solitaria ribera,
hay sociedad en donde nadie viene a importunarnos,
a las orillas del mar profundo, cuyo bramido tiene también su armonía.
Yo no he dejado de querer al hombre, mas prefiero a la Naturaleza
desde que estoy entregado a su contemplación.
En su presencia me despojo de todo lo que soy, de todo lo que he sido,
para mezclarme con el Universo, para sentir
lo que nunca podría expresar, pero tampoco reservar del todo.

Lord Byron
La peregrinación de Childe Harold


Diego Lema -  Holding you (Tel Aviv)


CLXXVIII

There is a pleasure in the pathless woods,
There is a rapture on the lonely shore,
There is society where none intrudes,
By the deep Sea, and music in its roar:
I love not Man the less, but Nature more,
From these our interviews, in which I steal
From all I may be, or have been before,
To mingle with the Universe, and feel
What I can ne'er express, yet cannot all conceal.

Lord Byron
Childe Harold's Pilgrimage

07 mayo, 2011

Construir otra belleza

Aquiles

Lo que tal vez sugiere la Ilíada es que ningún pacifismo, hoy en día, debe olvidar o negar esa belleza: como si nunca hubiera existido. Decir y enseñar que la guerra es un infierno y nada más es una mentira nociva. Por muy atroz que pueda sonar, es necesario acordarse de que la guerra es un infierno, pero bello. Desde siempre los hombres se lanzan a ella como falenas atraídas por la luz mortal del fuego. No hay miedo u horror que hayan conseguido mantenerlos alejados de ¡as llamas: porque en ellas siempre han encontrado la única redención posible ante la penumbra de la vida. Por ello, la tarea de un pacifismo verdadero tendría que ser hoy no tanto demonizar hasta el exceso la guerra, sino comprender que sólo cuando seamos capaces de otra belleza podremos prescindir de la que la guerra, desde siempre, nos ofrece. Construir otra belleza es tal vez el único camino hacia una auténtica paz. Demostrar que somos capaces de iluminar la penumbra de la existencia sin recurrir al fuego de la guerra. Dar un sentido, fuerte, a las cosas, sin tener que llevarlas hasta la luz, cegadora, de la muerte. Poder cambiar el destino de uno mismo sin tener que apoderarse del de otro; lograr que circulen el dinero y la riqueza sin tener que recurrir a la violencia; encontrar una dimensión étíca, incluso muy elevada, sin tener que ir a buscarla en los confines de la muerte; encontrarse a uno mismo en la intensidad de lugares y momentos que no sean una trinchera; conocer la emoción, incluso la más vertiginosa, sin tener que recurrir al doping de la guerra o a la metadona de las pequeñas violencias cotidianas. En fin, otra belleza, si es que comprendéis lo que quiero decir.
Hoy la paz es poco más que una conveniencia política: no es, en modo alguno, un sistema de pensamiento y una manera de sentir verdaderamente difundidos. Se considera la guerra un mal que hay que evitar, es cierto, pero se está muy lejos de considerarla un mal absoluto: a la primera ocasión, revestida de hermosos ideales, entrar en guerra se convierte rápidamente en una opción factible. A veces, incluso suele elegirse con cierto orgullo. Siguen estrellándose las falenas con la luz del fuego. Una real, profética y valiente ambición por la paz yo la veo únicamente en el trabajo paciente y escondido de millones de artesanos que cada día trabajan para suscitar otra belleza, y la claridad de luces, límpidas, que no matan. Es una empresa utópica, que presupone una vertiginosa confianza en el hombre.
Pero me pregunto si alguna vez nos hemos adentrado tanto, como hoy en día, por un sendero parecido. Y por eso creo que nadie, a estas alturas, logrará ya detener ese camino, o invertir el sentido. Lograremos, antes o después, sacar a Aquiles de aquella mortífera guerra. Y no será ni el miedo ni el horror lo que lo lleve de regreso a casa. Será cierta belleza, una belleza distinta, más cegadora que la suya, e infinitamente más apacible.

Alessandro Baricco
Homero, Ilíada

04 mayo, 2011

Unico, irrepetible



Terremoto en Japón 2011

Todos los bebés son prematuros. El cachorro humano es el más dependiente, tal vez porque no tiene que aprender a volar y cazar por su cuenta, sino que debe incorporar el mundo cultural, que se transmite por el habla y la escritura. La prematurez del niño, su indefensión, origina un apego duradero a los primeros objetos de amor, un deseo de fusión nunca saciado. En todo adulto perdura ese bebé prematuro que aspira a la unión total con el otro. Georges Bataille lo dice a propósito del erotismo. Cada ser es único, irrepetible; su nacimiento, su muerte y los acontecimientos de su vida interesan e implican a otros, pero se nace y se muere solo. Entre un ser y otro hay un abismo, que el erotismo tiende a anular.

Luis Hornstein
Autoestima e identidad. Narcisismo y valores sociales

30 abril, 2011

Al Maestro, con cariño


 Ernesto Sabato (1911 - 2011)

Vivir es estar en el mundo, en un mundo determinado, en una condición histórica, en una circunstancia que no podemos eludir. Y que no debemos eludir, si pretendemos hacer un arte verdadero. ¡Fíjese qué compromiso! Un novelista, con relación a su época, como dije, es un testigo, ya que crítico puede serlo también un pensador. El testimonio de la novela es más completo e integral. Es la gran ventaja de la literatura sobre las otras artes; su misma hibridez (a caballo entre la ficción y la realidad, entre la intuición y el concepto), su misma ambigüedad contradictoria, le permite dar un cuadro más cabal que un pensador. Un gran novelista, inquieta, desasosiega. Creo que fue Nadeau quien dijo que las grandes novelas son aquellas que transforman al escritor, al hacerlas y al lector, al leerlas. Por eso la palabra "agradó", o la palabra ''placer" nada tienen que hacer con esta clase de literatura. No se escribe para agradar sino para sacudir, para despertar.

Ernesto Sabato
Entre la Letra y la Sangre

29 abril, 2011

Al otro lado de la esquina

 Alfred Stieglitz  -  París

... a pesar de todos los boludos que hay en la calle, en los cafés, en los sótanos de los cafés, aquí, en todas partes, a pesar de la lluvia y la ropa empapada, corrí, no solamente por una habitación, no solamente por la parte de la noche para la que busco una habitación, sino que corrí, corrí, corrí, para que esta vez, vuelta la esquina, no me encuentre en una calle vacía de vos, para que esta vez no encuentre sólo la lluvia, la lluvia, la lluvia, para que esta vez te encuentre a vos, del otro lado de la esquina, y me atreva a gritar: ¡camarada!, y me atreva a tomarte del brazo: ¡camarada!, y me atreva a abordarte...

Bernard-Marie Koltès
La noche justo antes de los bosques

27 abril, 2011

El presente

 Horace Pippin - El final de la guerra (1930)

El nacimiento de un hombre es el nacimiento de su pena. Cuanto más vive, más estúpido se vuelve, porque su ansia por evitar la muerte inevitable se agudiza cada vez más. ¡Qué amargura! ¡Vive por lo que está siempre fuera de su alcance! Su sed de sobrevivir en el futuro le impide vivir en el presente.

Chuang Tzu

17 abril, 2011

Un caso difícil

Cold Hand Luke (La leyenda del indomable, 1967)

[Luke entra a una capilla]

Luke: ¿Hay alguien aquí? ¡Ey, Viejo! ¿Estás en casa esta noche? Podrías dedicarme unos minutos. Ya es hora de que tengamos una pequeña charla. Sé que soy un tipo bastante malo... Maté a algunos durante la guerra y me emborraché… y destruí propiedad municipal y cosas así. Sé que no tengo derecho a pedir mucho… pero aún así, Tenés que admitir que no me tiraste una buena en mucho tiempo. Da la sensación de que tuvieras todo arreglado para que yo no gane nunca. Adentro, afuera, todos ellos… reglas y reglamentos, y jefes. Vos me hiciste como soy. Así que ¿dónde se supone que encajo? Viejo, tengo que contarte. Di mis primeros pasos bastante fuertes y rápidos. Pero está empezando a afectarme. ¿Cuándo termina? ¿Qué hago ahora?... Bueno, está bien.

[Se pone de rodillas, cierra los ojos y empieza a rezar]

Luke: De rodillas, suplicando.

[Espía abriendo un ojo, espera. Luego abre ambos ojos y se cruza de brazos]

Luke: Sí, es lo que pensé. Supongo que soy una persona con la cual es difícil negociar ¿no? Un caso difícil. [Chasquea la lengua]. Sí. Supongo que tengo que encontrar mi propio camino.


Luke (Paul Newman)

16 abril, 2011

Leer


Si no fuera historia verdadera, verdadera historia, se podría pensar: no es más que la belleza de una metáfora exacta. En el sentido de que tal vez, siempre, y para todos, leer no es otra cosa que mirar fijamente un punto para no ser seducidos, y destruidos, por el incontrolable deslizarse del mundo. No se leería, nada, si no fuera por miedo. O para aplazar la tentación de un incontrolable deseo al que, se sabe, no sabremos resistirnos. Se lee para no levantar la mirada hacia la ventanilla, ésa es la verdad. Un libro abierto siempre es el certificado de la presencia de un infame —los ojos clavados en aquellas líneas para no dejarse robar la mirada por el ardor del mundo —las palabras que una a una comprimen el fragor del mundo en un embudo opaco hasta hacerlo gotear en pequeñas formas de cristal que se llaman libros —la forma más refinada de batirse en retirada, ésa es la verdad. Una porquería. Pero: dulcísima.

Alessandro Baricco
Tierras de cristal

13 abril, 2011

Ningún amor termina

 Piazza Navona, Roma, Italia

LA REPETICIÓN [PLAZA NAVONA]

Ningún amor termina,
yace en la cara oscura de la mente
como los objetos en el cuarto
luego de apagar la lámpara

Esas sombras no se apartan
oprimiendo una perilla
como quien descorre un cortinado
para llamar a la mañana.

Es por eso que llegamos a olvidar
aun el nombre querido,
a besar labios idénticos
sin reconocer
aquellos que solíamos besar.

Ningún amor termina:
siempre el azar lo trae
a la luz de los días presentes.

Por eso quiero esconder los ojos
tras cristales oscuros
y desviar el haz de la linterna nocturna,
pues vuelvo a ver el turbante que usabas
la tarde del vermut en Plaza Navona,
el lanzallamas negro y los pajaritos.

María Moreno
Banco a la sombra.

10 abril, 2011

Empezando a saber




Eran éstas las cosas que llevaba conmigo en invierno a la ciudad; y no las decía, las encerraba orgulloso en mi corazón. Escuchaba a los compañeros hablar y pavonearse; yo callaba, no porque no me gustase oírles, sino más bien porque comprendía que las cosas realmente verdaderas no hay modo de contarlas. No sólo es menester que quien escucha las sepa, sino que hay que saberlas ya al conocerlas y, en suma, es imposible saberlas por otro. Yo mismo me preguntaba cuándo había empezado a saber, pero era como si me hubiesen preguntado cuándo había conocido a mi padre. La Sandiana un buen día se vino a vivir con nosotros, y sin embargo ni siquiera de ella recordaba que no estaba antes. En aquellos tiempos sólo sabía que nada empieza sino al día siguiente.


Cesare Pavese
Historia Secreta - Fiestas de Agosto

02 abril, 2011

Corazones pequeños



Caravaggio  -  Emaús

¿Cómo no hemos podido saber, durante tanto tiempo, nada de lo que era y, a pesar de todo, sentarnos a la mesa de todas las cosas y personas que íbamos encontrando a lo largo del camino? Corazones pequeños -los alimentamos con grandes ilusiones y al final del proceso caminamos igual que discípulos hacia Emaús, ciegos, al lado de amigos y amores que no reconocemos- fiándonos de un Dios que ya no sabe nada sobre sí mismo. Por eso conocemos la marcha de las cosas y luego recibimos el final de las mismas, pero siempre ausentes de su corazón. Somos aurora y, no obstante, epílogo- perenne descubrimiento tardío.

Alessandro Baricco

Emaús

31 marzo, 2011

Hannah y sus hermanas



Hannah and her sisters (Woody Allen, 1986)

Mickey
[hablándole a Holly]: Un día hace como un mes atrás, realmente toqué fondo. Simplemente sentí que no quería seguir viviendo en un universo sin Dios. Y bueno, resulta que tengo un rifle al cual cargué, lo creas o no, y lo apreté contra mi frente. Y recuerdo haber pensado: me voy a matar. Luego pensé ¿y si me equivoco? ¿Y si hay un Dios? Quiero decir, después de todo nadie lo sabe con seguridad. Luego pensé que no, ya sabes, quizás no es suficientemente bueno. Quiero certeza o nada. Y recuerdo muy claramente el reloj marcando las horas y yo estaba ahí sentado congelado con el arma contra mi cabeza debatiendo si disparar o no.

De pronto el arma se disparó. Había estado tan tenso que sin querer mi dedo apretó el gatillo. Pero como estaba transpirando tanto el arma se resbaló de mi frente y no me dio. 

Holly (Dianne Wiest) y Mickey (Woody Allen)

De repente los vecinos estaban golpeando a la puerta y, no sé, toda la escena era un pandemonio.  Corrí hasta la puerta, no sabía qué decir. Estaba avergonzado y confundido y mi mente andaba a toda velocidad. Sólo estaba seguro de algo: tenía que salir de la casa, tenía que salir al aire fresco y aclarar mi cabeza. Recuerdo muy claramente que anduve por las calles, caminé y caminé, no sabía qué pasaba por mi cabeza, todo me parecía tan violento e irreal. Vagué por un buen rato por Upper West Side, deben haber pasado horas. Me dolían los pies, me palpitaba la cabeza, y me tuve que sentar, entré en un cine. No sabía qué estaban dando ni nada, sólo necesitaba un momento para reunir mis pensamientos y ser lógico y poner al mundo en una perspectiva racional. Y subí al pullman, me senté, daban una película que había visto cientos de veces en mi vida desde que era niño, y siempre amé. Miraba a la gente en la pantalla y me empecé a enganchar con la película. Empecé a sentir, cómo pudiste pensar en matarte, quiero decir, ¿no es algo muy estúpido? Mirá a toda esa gente en la pantalla, son realmente graciosos, ¿y qué si es verdad lo peor? ¿Qué pasa si no hay Dios y si pasás por la vida una sola vez y eso es todo? Entonces, ¿no te gustaría ser parte de la experiencia? Qué diablos, no es tan tremendo. Y pensaba para mí, dios santo, debo dejar de arruinar mi vida buscando respuestas que nunca voy a obtener, y simplemente disfrutarla mientras dure. Y después, quién sabe, quizás haya algo, nadie lo sabe con certeza. Yo sé que quizás sea un hilo muy delgado al cual sujetar tu vida, pero eso es lo mejor que tenemos. Y entonces comencé a respaldarme y empecé a disfrutar.

Holly (Dianne Wiest)

27 marzo, 2011

Piedras



 Marxe - Mar del Sur 2008


En mi vieja casa había una especie de repisa angostita, a la altura de la base de las ventanas, a todo lo largo del comedor. Sobre esa repisa fui dejando piedras que encontraba en mis caminatas por el mar. Piedras especialmente lisas, especialmente nobles, esas que cuando uno las ve en la arena no puede no agacharse a recoger. Esas que parecen haber sido hechas para estar en la palma de una mano, para que uno las palpe con los dedos y los cierre hasta entibiarlas y después a palparlas, a leerlas como un Braille otra vez. Esas cuya belleza es precisamente lo que la abrasión del mar hizo con ellas y lo que no les pudo arrebatar. Esas que parecen ofrecer compañía y pedirla a la vez, cuando se cruzan en nuestro camino. Que establecen con nosotros un contacto absoluto, responden a nuestra mano como si fueran un ser vivo y, sin embargo, al rato no sabemos qué hacer con ellas y las dejamos caer sin escrúpulos, al volver de la playa o incluso antes.

Por tener esa repisa providencialmente a mano, en lugar de soltarlas empecé a traerme de a una esas piedras, de mis caminatas por la playa. Nunca más de una, y muchas veces ninguna (a veces el mar no da, y a veces es tan ensordecedor que uno no ve lo que le da). Así fueron quedando esas piedras, una al lado de la otra, a lo largo de las paredes del comedor. Era lindo mirarlas. Era más lindo cuando alguien agarraba una distraídamente y seguía conversando, en una de esas sobremesas que se estiran y se estiran con la escandalosa languidez con que se desperezan los gatos.

Juan Forn
El mar (autorretrato)

24 marzo, 2011

Una nueva luz



 Xul Solar - Puerto azul

Te equivocas si piensas que la dicha procede sólo o en su mayor parte de las relaciones humanas. Dios la ha puesto por doquier. Se encuentra en todas y cada una de las cosas que podemos experimentar. Sólo tenemos que ser valientes, rebelamos contra nuestro estilo de vida habitual y empezar a vivir al margen de las convenciones.
Lo que quiero decir es que no necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Está ahí fuera, sencillamente, esperando que la agarres, y todo lo que tienes que hacer es el gesto de alcanzarla. Tu único enemigo eres tú mismo y esa terquedad que te impide cambiar las circunstancias en que vives.

Jon Krakauer
Into the wild

22 marzo, 2011

Permanecer

Sería todo mucho más sencillo si no te hubieran inculcado esa historia de llegar a algún sitio, bastaría con que te hubieran enseñado, sobre todo, a ser feliz permaneciendo inmóvil. Todas esas historias sobre tu camino. Encontrar tu camino. Ir por tu camino. A lo mejor, en cambio, estamos hechos para vivir en una plaza, o en un jardín público, allí quietos, dejando pasar la vida, a lo mejor somos una encrucijada, el mundo necesita que estemos quietos, sería un desastre que nos marcháramos, en un momento dado, por nuestro camino, ¿qué camino?, los otros son los caminos, yo soy una plaza, no llevo a ningún sitio, soy un sitio.



Sarebbe tutto più semplice se non ti avessero inculcato questa storia del finire da qualche parte, se solo ti avessero insegnato, piuttosto, a essere felice rimanendo immobile. Tutte quelle storie sulla tua strada. Trovare la tua strada. Andare per la tua strada. Magari invece siamo fatti per vivere in una piazza, o in un giardino pubblico, fermi lì, a far passare la vita, magari siamo un crocicchio, il mondo ha bisogno che stiamo fermi, sarebbe un disastro se solo ce ne andassimo, a un certo punto, per la nostra strada, quale strada?, sono gli altri le strade, io sono una piazza, non porto in nessun posto, iosono un posto.

Alessandro Baricco
City

19 marzo, 2011

La última pena



John Atkinson Grimshaw - Nightfall down the Thames 

Quietud

La uva está madura, el campo arado,
el monte se destaca de las nubes.

En los espejos polvorientos del estío
ha caído la sombra,

entre los dedos inciertos
su resplandor es claro,
y lejano.

Y con las golondrinas huye
la última pena.

Giuseppe Ungaretti
Sentimiento del tiempo

14 marzo, 2011

Dans París


Dans Paris (Christophe Honoré, 2006 )


Paul: En esta casa es raro no ser interrumpido. Había perdido el hábito.

Romain Duris (Paul) y Alice (Alice utaud)


Paul: Teníamos una hermana, Claire. Recuerdo que una o dos veces por mes ella pasaba todo el día con un pañuelo sonándose la nariz. Nada podía sacarla de ese dolor en el alma, ni las mejores bromas, ni las más grandes confesiones. Los intentos por distraerla eran en vano porque ella lloraba sin motivo. Ella misma lo decía. Era un antiguo lamento, tan antiguo que probablemente lo sintió por primera vez en una vida anterior, en la Edad Media, o en los tiempos de la adoración a los Reyes. Desde entonces esa tristeza regresaba regularmente. Era imposible para Claire escapar de eso, era inútil. Ella los llamaba “días de espanto”. Los recibía con una sonrisa, como a familiares. Sus ojos permanecían húmedos. Yo podría haberla estrangulado en esos días por no ser capaz de ayudarla, me sentía tan humillado. Como si ella estuviera probando mi impotencia frente a los dolores de los otros.

Alice: Entonces ¿ella lloraba para irritarte?

Paul: No era contra mí, sólo lloraba, como un Buda o alguna otra divinidad. Es imposible para los demás admitir ser capaz de llorar de ese modo, con aquella sonrisa… entonces Claire se mató cuando tenía 27 años. Todos quedaron sorprendidos. Ante esa angustia el espanto reinó en nuestra casa. Mi hermana era hermosa y alegre. Todo lo hacía en comunión, ¿entendés lo que quiero decir? Ella compartía todo. Si, sus “días de espanto”, creo que aquellos antiguos sufrimientos la mataron. Creo que nosotros subestimamos groseramente la tristeza en general. Sin duda siempre morimos de tristeza.

Alice: ¿Querés decir que la tristeza se nos pone dentro cuando nacemos?

Paul: Sí.

Alice: ¿Cómo el color de los ojos?

Paul: Sí, exactamente. Es por eso que necesita de nuestro cuidado pero los demás no pueden hacer nada. Nadie puede hacer nada sobre el color de los ojos. Además creo que es justo dejar a cada uno cuidar de su tristeza solo.

 Romain Duris (Paul)

12 marzo, 2011

La expansión infinita

Egon Schiele - Hockender männlicher Akt

Subí por las piernas, llené la pelvis, el tronco, los brazos, la cabeza, borré todo residuo de moral, fui por completo una espesa maldad. Haciendo un esfuerzo fenomenal abandoné el apego a mi forma humana y desbordé. Saliéndome del recipiente carne, crecí hacia todas las direcciones como una masa voraz, comencé a invadir la casa, la ciudad, el país, el planeta, la galaxia, hasta colmar el universo y continuar la expansión infinita. En mí habitaban los monstruos del espacio, los demonios, las entidades ambiguas, los insidiosos fantasmas, los asesinos dementes, las ratas, las víboras, los insectos venenosos... Luego imaginé sentir lo inverso: la amenaza infinita, la sombra mortal comenzó a invadir el espacio desde todos los puntos, e inundó el cosmos avanzando hacia mí. Se tragó las galaxias, nuestro sistema solar, el planeta, el continente sudamericano, Chile, Santiago, el barrio, mi casa, mi cuarto, y por fin se concentró en mi cuerpo. Al mismo tiempo que yo ocupaba el universo, el universo todo se acumulaba debajo de mi piel.

Alejandro Jodorowsky
La danza de la realidad.

10 marzo, 2011

Todo se ha dormido




Elegía para John Donne

[...]
John Donne se ha dormido. Se han dormido, duermen los versos.
Todas las rimas, las imágenes. No se puede distinguir
las buenas de las fallidas. El vicio, la angustia, los pecados,
callados por igual, reposan en sus sílabas.
Y cada verso es hermano a otro verso: aunque en sueños
musiten uno al otro: hazte un poco a un lado.
Pero las puertas del Paraíso quedan tan lejos a
cualquiera de ellos,
cada uno es tan pobre, denso y puro, que en todos hay unidad.
Duermen todas las líneas. Duerme la rigurosa bóveda de los yambos.
Los troqueos duermen todos como guardianes, a la izquierda, a la derecha.
En ellos reposa la imagen de las aguas del Leteo.
Y detrás de ella duerme profundamente la gloria.
Duermen todas las desgracias. También los sufrimientos se han dormido.
Los vicios duermen. El bien se ha abrazado al mal.
Los vicios duermen. La blancuzca nevada
busca en el espacio alguna mancha negra.
Todo se ha dormido. Duermen profundamente las filas de los libros.
Bajo el hielo del olvido duermen los ríos de palabras.
Duermen todos los discursos, con todas sus verdades.
Duermen sus cadenas. Los eslabones suenan levemente.
Todos duermen profundamente: los santos, Dios, el diablo.
Sus pérfidos sirvientes. Sus hijos. Sus amigos.
La nieve sola susurra por los oscuros caminos.
Y ya no hay sonidos en el mundo entero.

Joseph Brodsky
(Versión de Tatiana Bubnova)
[fragmento]

06 marzo, 2011

Un crimen complejo


William-Adolphe Bouguereau
El remordimiento de Orestes (1862)

Porque entonces yo ya sabía que aquella enfermedad era una condena. Tal vez todas las enfermedades lo sean, aunque no puedo asegurarlo, quizá también haya accidentes. Pero a mí me habían castigado. ¿Por qué? ¿Dónde me había equivocado, qué delito había cometido? Sospechaba que todo ello guardaba una difusa relación con la música, con E., con mi estilo de vida, con mi método de trabajo y con todo lo que yo era... Todo eso constituía una especie de crimen complejo consistente en no haber vivido, trabajado y amado como debería haberlo hecho. Pero, por Dios, ¿cómo debería haberlo hecho? Nadie me lo había explicado nunca. Nadie me había ayudado nunca.

Sandor Márai
La Hermana

04 marzo, 2011

Hamam

Francesco (Alessandro Gassman) y
Mehmet (Mehmet Günsur)

Hamam (Hamam, el baño turco, 1997 - Ferzan Ozpetek)

Marta leyendo una carta de Tía Anita a su hermana Giuliana:
Hay días, a primeros de octubre, en que de pronto Estambul se vuelve gris. El verano parece terminar de golpe. Todos los años me sorprende. Será porque, desde que llegué, me he sentido como de vacaciones. Y, cuando llega el otoño, así, sin avisar, me acuerdo de Italia y me asalta la melancolía. Cuando me despierto por la mañana trato de imaginarme qué haces al levantarte, qué desayunas. A lo mejor te abrigas porque empieza a hacer frío. A lo mejor piensas en mí alguna vez. Cuando llega el otoño, Giuliana, me siento sola. Entonces empiezo a pensar en el pequeño Francesco. Me gustaría saber cómo está, qué juegos le divierten, qué le gusta comer y qué piensa. Seguro que es un niño muy inteligente y reservado como tú. Tu hijo. Mi único sobrino. ¿Le hablas de mí alguna vez? Me gustaría que creciera como su padre, fuerte, valiente, responsable. Que tuviera la mirada limpia para reconocer los deseos y los brazos fuertes para hacerlos realidad. Me gustaría que fuera un hombre libre, un hombre feliz… porque se puede ser feliz en esta vida, Giuliana. Hay que serlo.


Marta (Francesca D'Aloja)

28 febrero, 2011

Poesía, amor y libertad




-O sea que ella no te guió en la literatura.

Enrique Molina -No. Yo empecé a leer de chico y me fascinaba. El primer verso que escribí, cuando era muy chico, era a una estrella. Una noche, tenía ocho años, estaba sentado en un patio grande, en el campo, y miraba el cielo. No sé cómo, escribí una cuarteta dedicada a una estrella. Sentí una emoción por la noche, que quería expresar, comunicar. Uno nunca alcanza a comunicar la conmoción de un chico que, de repente, tiene conciencia de la noche, del verano, del cielo, del cosmos, del universo. Era una noche de campo, en Corrientes, en Bellavista, cerca del Paraná, en una estancia que tenía mi padre.

[...]

-¿Seguís escribiendo y haciendo tus collages ?

Enrique Molina -Espero no escribir más. Pero escribir es una fatalidad. La vida no ha tenido otro sentido que lograr una expresión poética y he dejado lo que para otros es la vida más normal, en busca de ese sueño, de esa locura que es la poesía cuando la querés vivir en su totalidad. Por supuesto, nunca se logra, nunca se alcanza lo que uno quiere, es una presa que siempre se escapa. De todos modos, ha sido mi única motivación, el único impulso, que me ha llevado. No concibo separar la vida de la poesía, ése es en realidad el sentido profundo del surrealismo: identificar en un solo término la poesía, el amor y la libertad.


Fragmento del reportaje de Lía Rosa Gálvez a Enrique Molina en La Nación - Cultura.

26 febrero, 2011

Estaciones

Ma Yuan - Paso de montaña en primavera


Nos trasladamos a ver al poeta budista Yang Jian. Maanshan es una ciudad pequeña cuya principal fuente de ingresos es la fabricación de equipos de aire acondicionado, que a pesar de contar con la tumba de Li Po no atrae al turismo. Ahí, en un tiempo muchísimo mayor al que teníamos asignado, en un brindis perpetuo, Yang Jian nos contó que se encontraba decepcionado por el crecimiento económico de su país, decía que hace 20 años eran más pobres y más felices, pero más le alarmaba la pérdida de las estaciones intermedias, que si sólo iba a haber invierno y verano, la poesía china iba a desaparecer. Como a muchos de sus contemporáneos, poco le importaba lo que pasaba fuera de la poesía china.


Templo Zhen Shan

¡Qué distendido parece el banano!
Un perro ladra, mordiendo sus propias pulgas,
y cansado de ladrar más tarde se tira a dormir.
Una chica da vuelta las hojas de loto,
mientras su hermano va con un balde hacia la huerta;
todo alrededor, montañas, montañas,
como el hábito abierto de un monje.
Unos campesinos cavan en el campo de ajo,
y la luz penetra en la tierra:
así es cómo los muertos obtienen la felicidad.
El barro extraído del fondo del estanque
se apila junto al borde:
vivimos en una época llena de revelaciones.

Yang Jian 
(Maanshan, 1967)

Fragmento del artículo La revolución subterránea
por Miguel Angel Petrecca y Darío Rojo.

23 febrero, 2011

Baricco y Argentina

Alessandro Baricco

"Muchas veces pospuse este viaje, tal vez porque la Argentina me fascina de tal manera, que siempre pensaba que era demasiado pronto o que el tiempo no sería suficiente. Ahora ya es tiempo de que vaya", dice con un aire místico y solemne. ¿De dónde nace la fascinación de Baricco por Argentina? Es fácil imaginarlo un poco más desaforado gritando los goles de Maradona a la Juventus, el archirrival de su amado y humilde Torino. "Seguramente hay razones deportivas, que se filtraron por mi gran amor por Osvaldo Soriano, uno de los que me contó de manera mítica estas tierras. No sólo me transmitió el amor por el fútbol, sino también el amor por el arte, la música, la literatura, la admiración por el tango, y la idea de las raíces italianas de tanta gente que vive acá. La idea de los espacios extraños, aparentemente infinitos. Son muchas las cosas que hacen de la Argentina –no sólo para mí– un lugar mítico", explica sin que valga la pena desasnarlo acerca de cómo los "míticos" argentinos maltratamos en vida a Soriano. Más feliz lo hace sí, el reconocimiento del que goza su mentor Gianni Vattimo. "Para mí fue el mejor. Sus lecciones, sus lecturas de Nietzsche y de Heidegger eran verdaderamente una nueva frontera para nosotros."


Fragmento del reportaje a Alessandro Baricco en revista Ñ con motivo de la visita del escritor a la Feria del Libro de Buenos Aires de 2010.

18 febrero, 2011

Se cantaba


Diego Manso-¿Y cantabas para tu familia o era algo más bien secreto?

Joan Manuel Serrat-Es que en aquel tiempo se cantaba. Hoy es una cosa difícil de entender, porque el hecho de cantar queda más bien circunscrito a los cantantes. Ahora sólo cantan los cantantes. Antes cantaba todo el mundo. Antes la gente cantaba en la calle, haciendo el trabajo... En los andamios los albañiles cantaban, en las forjas cantaban los herreros, cantaban los guarnicioneros mientras cosían las correas de las caballerías. ¡La gente cantaba! ¡Cantaban las mujeres mientras hacían las camas!

Fragmento del reportaje a Joan Manuel Serrat publicado en Ñ.

16 febrero, 2011

La nada en que no pasa nada



Sebastián Spreng - Voyage


VOLVER

Volver a una patria lejana,
volver a una patria olvidada,
oscuramente deformada
por el destierro en esta tierra.
¡Salir del aire que me encierra!
y anclar otra vez en la nada.
La noche es mi madre y mi hermana,
la nada es mi patria lejana,
la nada llena de silencio,
la nada llena de vacío,
la nada sin tiempo ni frío,
la nada en que no pasa nada.

Xavier Villaurrutia

31 enero, 2011

Rascarse



Edward Burra - John Deth (1932)

Dondequiera que voy las personas están echando a perder sus vidas. Cada cual tiene su tragedia privada. La lleva ya en la sangre: infortunio, hastío, aflicción, suicidio. La atmósfera está saturada de desastre, frustración, futilidad. Rascarse y rascarse... hasta que no quede piel. No obstante, el efecto que me produce es estimulante. En lugar de desanimarme, o deprimirme, disfruto. Pido a gritos cada vez más desastres, calamidades mayores, fracasos más rotundos. Quiero que el mundo entero se descentre, que todo el mundo se rasque hasta morir. 

Henry Miller
Trópico de Cáncer

27 enero, 2011

Les amours imaginaires



Les amours imaginaires (2010,  Xavier Dolan)


Mujer joven: Lo disculpo. Me digo que es normal que llegue tarde. Porque... Porque soy débil y...alguien a quien pones en un pedestal siempre tiene razón.



Hombre joven:  Cuando pienso en lo que hice, el dinero que gasté para seducirla... Pienso en eso y me da tanta vergüenza... que me pongo... a cantar.  ¡A cantar! Canto en el salón, en la ducha, fregando. Canto.