Alice (Clotilde Hesme), Madre de Julie (Brigitte Roüan) y
Jasmine (Alice Butaud) en Les Chansons d'amour
(Christophe Honoré, 2007)
Alice: Ismael me contó sobre los resultados de la autopsia.
Madre de Julie: ¿Por qué te contó? ¿Es tan importante para él?
Alice: Creo que sí. Es importante comprender.
Madre de Julie: No estoy tan segura. Esperamos que los médicos revelen cada misterio, que desentierren cada secreto que los pueda explicar. Yo rechazo esa ilusión. El misterio forma parte de la vida y simplemente se suma al horror de la muerte de Julie.
George: Hablemos sobre el miedo. El miedo es, después de todo, nuestro enemigo real. El miedo está dominando nuestro mundo. El miedo está siendo usado como una herramienta para manipular a nuestra sociedad. Es el modo en que los políticos venden política de puerta en puerta y el modo en que en la Av. Madison nos venden cosas que no necesitamos. Piensen en esto. Miedo a la posibilidad de ser atacados, miedo a que haya comunistas acechándonos a la vuelta de cualquier esquina, miedo a que cualquier pequeño país del Caribe que no crea en nuestro modo de vida suponga una amenaza para nosotros. Miedo a que la cultura negra llegue a dominar el mundo. Miedo a las caderas de Elvis Presley. Bueno, quizás esas sí den realmente miedo. Miedo a que nuestro mal aliento arruine nuestras amistades… Miedo a envejecer y quedarnos solos. Miedo a que nos consideren inútiles y a que a nadie le importe lo que tenemos para decir.
No comprendo cómo, con mi imaginación excesiva, no escribo cuentos. ¿Por qué no me atrevo a inventar? ¿Qué no me deja crear otro mundo que éste? ¿Quién me adhiere y me fija adonde yo no quiero?
Lo que falla en mí es la continuidad de las visiones, de las alucinaciones. Infidelidad a las imágenes, a lo visto. Restará una criatura freudiana. Pero yo sé que sé más de lo que creo. Yo sé que sé. Eso es indudable.
Un monstruo me persigue. Yo huyo. Pero es él quien tiene miedo, es él quien me persigue para pedirme ayuda.
George Caleb Bingham - Raftmen playing cards (1847)
Ahora, en Winesburg, Ohio, una maestra también tiene consejos para el futuro escritor: “Tendrás que conocer la vida. Si quieres ser escritor debes dejar de tontear con las palabras. Será mejor que abandones la idea de escribir hasta que estés mejor preparado. Ahora debes vivir. No pretendo asustarte, pero quisiera que comprendas el alcance de lo que piensas hacer. No debes convertirte en un mero mercachifle de las palabras. Lo más importante es que aprendas lo que la gente piensa, no lo que dice”.
Fragmento del artículo El mapa de la literatura norteamericana y sus alrededores de Guillermo Saccomanno en Página12 sobre la obra de Sherwood Anderson.
George: Despertarse comienza con decir soy y ahora. Durante los últimos ocho meses despertarme ha sido doloroso. Lentamente tiene lugar la fría comprobación de que todavía sigo aquí. Nunca fui de los que saltan de la cama y saludan al día con una sonrisa como lo era Jim. A veces me daban ganas de golpearlo, por la mañana estaba tan contento. Solía decirle que sólo los tontos saludan al día con una sonrisa, que sólo un tonto podría eludir la simple verdad de que el ahora no es tan sólo el ahora: es un frío recordatorio. Un día después de ayer, un año después del año pasado, y tarde o temprano llegará. Solía reírse de mí y luego me daba un beso en la mejilla.
Jim (Matthew Goode) y George (Colin Firth)
George: Me lleva tiempo en la mañana transformarme en George, tiempo para ajustarme a lo que se espera de George y cómo se habrá de comportar. Para el momento en que me terminé de vestir y poner la última capa de lustre en el ahora levemente rígido pero casi perfecto George sé por completo qué papel tengo que jugar.
Cuando me miro en el espejo no es un rostro el que me devuelve la mirada tanto como una expresión de dilema.
Sólo vive el maldito día.
Un poco melodramático, supongo.
George (Colin Firth)
George: Pero, por otro lado, mi corazón ha sido herido. Me siento como si me hundiera, me ahogara, no puedo respirar. Por primera vez en mi vida no puedo ver mi futuro. Todos los días pasan como en una neblina, pero he decidido que hoy será distinto.
Al final de Las ciudades invisibles, el Khan decía que todo relato era una distracción inútil ya que la última ciudad que todos conoceríamos era el infierno. A lo que Marco Polo contestaba: “El infierno no es algo que será. Ya existe aquí; lo habitamos todos los días; lo conformamos todos juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera, fácil, es aceptar el infierno, volverse parte de él hasta ya no verlo. La segunda exige aprendizaje continuo: consiste en hallar quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y darle espacio, y hacerlo durar mientras vivamos”.
Por mi parte, dioses celestiales, pido que mi vida sea así siempre, que pueda sentarme frente a mi amigo y escuchar de cerca su dulce voz, salir con él cuando él salga y compartir con él toda actividad. Y que un amante pueda pedir que su amado pueda recorrer el camino hasta la vejez sin penas, a través de una vida sin tropiezos ni desvíos y sin haber experimentado ninguna malvada maquinación de la fortuna. Y si, de acuerdo con las leyes que gobiernan la naturaleza humana, le roza una enfermedad, que yo enferme con él cuando él esté enfermo y que cuando zarpe a través de olas tormentosas, yo pueda navegar con él. Y si la violencia de un tirano ordena encadenarlo, yo pondré los mismos grilletes en torno a mi cuerpo. Todo el que lo odie será mi enemigo, y mostraré mi aprecio a cuantos estén en buenas relaciones con él. Y si veo a bandidos o enemigos que le atacan, me armaré yo también incluso por encima de mis posibilidades. Y si muere, no soportaré la vida. Daré las últimas instrucciones a los que más quiero después de él para que nos construyan una tumba común, a ambos, que mezclen los huesos con los huesos y que no separen nuestras calladas cenizas unas de otras. Luciano Amores, Obras III
Maurice Sendak: Yo sé que soy un privilegiado, pero no puedo sentirlo. Es como si tuviera algo muerto adentro. No encuentro alegría.
Spike Jonze: Vamos, Maurice, hay algo que te debe satisfacer, algo que te debe llenar de alegría.
Maurice Sendak: La única verdadera felicidad en mi vida es dibujar. Todo lo que me atormenta se desvanece cuando lo hago, porque es lo que quiero hacer y sé que lo hago bien. Por qué estoy fijado en la niñez, no lo sé. Quizá porque en el fondo no creo en esa demarcación, o porque creo que se les debe hablar de otra manera, que se les puede decir cualquier cosa mientras sea verdad. O quizá porque, supongo, es en la infancia donde se quedó mi corazón.
Tal como se la veía en los espejos, mi imagen siempre andaba en brazos de mi alma. Yo no podía ser sino como soy, curvo y débil, aun en los pensamientos. Todo en mí es como de un príncipe de cromo pegado en el álbum viejo de un niño muerto hace mucho. Amarme es apiadarse de mí. Un día, allá por el fin del futuro, alguien escribirá sobre mí un poema, y tal vez sólo entonces empiece yo a reinar en mi Reino.
Cuando amanece salgo al jardín para estar cerca de mis árboles, en ese apacible y noblemente callado mundo vegetal, que más me atrae a medida que más atroz se vuelve el universo en que vivimos. Sentado en un cantero, escucho a los centenares de pájaros que alborozados reinician su pequeña existencia, ajenos a las perversidades humanas, inocentes y felices. Es cuando más pienso en esos millones de chiquitos que crecen como pájaros enjaulados, en ese universo de asfalto y cemento, apartados del hermoso misterio de la tierra y sus germinaciones, resistiendo con sus pequeñas magias la presión de este mundo bárbaro, como lo revelan sus poéticas pinturas; hasta que no resisten más y son mediocrizados por la sociedad; y sus visiones poéticas son trivializadas por la imitación de la fotografía y la historieta, por una educación que proscribe la mitología. Así son aplastados y sellados por la cultura standardizada y tecnológica, realizándose en ellos, cada día, en cada criatura, la fatal escisión entre el pensamiento mágico y el pensamiento lógico que esta civilización ha perpetrado mediante la proscripción y hasta la ridiculización de aquel lado enigmático pero fundamental del alma humana quebrando de esa manera la armonía del hombre consigo mismo y del hombre con el cosmos.
No me importa que me ames o que te amen pues lo que yo adoro en ti, tú no lo sabes, alma, ni lo saben los otros. Jamás te has visto, nunca te verán, cual mis ojos te vieron y te ven – como mi vida encarnada en el pálido tesoro de tu cuerpo invisible, pues que es la carne de mi alma – Solo me quedaré cuando te vayas o te lleven los otros de la verdad inalterable y pura que a tu vivir le puedo dar yo sólo.
Toda relación humana íntima –amistad, amor, e incluso los extraños vínculos que unen a dos adversarios en la vida y en la muerte- se inicia con ese toque mágico; como si uno sintiera la realidad del sueño: en la multitud, entre desconocidos, de súbito te llega una mirada, una voz, y te mareas como si ya hubieras vivido aquella misma experiencia, como si supieras de antemano todo lo que va a suceder, tanto las palabras como los gestos; y todo ello es la realidad más profunda, más definitiva, pero al mismo tiempo parece un sueño… Así se inician las grandes relaciones humanas.
Pero los hombres trabajan bajo la influencia de un error. La parte mejor del hombre muy pronto es arada para abono de la tierra. Por un aparente destino comúnmente llamado necesidad, los hombres se dedican, según cuenta un viejo libro, a acumular tesoros que la polilla y la herrumbre echarán a perder y que los ladrones entrarán a robar. Esta es la vida de un tonto, como comprenderán los hombres cuando lleguen al final de ella, si no lo hacen antes.
La ausencia es una forma de invierno Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve, con ese mismo invierno que hiela las canciones cuando la tarde cae en la radio de un coche, como los telegramas, como la voz herida que cruza los teléfonos nocturnos, igual que un faro cruza por la melancolía de las barcas en tierra, como las dudas y las certidumbres, como mi silueta en la ventana, así duele una noche, con ese mismo invierno de cuando tú me faltas, con esa misma nieve que me ha dejado en blanco, pues todo se me olvida si tengo que aprender a recordarte. Luís García Montero
Pero un montón de veces ocurre de este modo, casi siempre ocurre así: se descubre al final que el dolor, todo aquel dolor, era inútil, que se ha estado sufriendo como bestias, y era inútil, no era ni justo ni injusto, no era hermoso ni horrendo, tan sólo era inútil, al final todo lo que puedes decir es: era un dolor inútil. Alessandro Baricco City
Porque después de todo el chico cree sinceramente que hay algo noble, ideal y bueno en toda esta cosa beat, y se supone además que yo soy el Rey de los Beatniks según lo que dicen los diarios, pero al mismo tiempo me siento cansado y enfermo de esos entusiasmos perpetuos de los nuevos jóvenes que intentan conocerme y vacían todas sus vidas dentro de mí así que me pondré a saltar y dire sí sí está bien, cosa que ya no puedo hacer más -- El motivo por el que vine a Big Sur en el verano fue precisamente alejarme de todo eso.
Playa. Y mar. Luz. El viento del norte. El silencio de las mareas. Días. Noches. Una liturgia. Inmóvil, viéndolo bien. Inmóvil. Personas como gestos de un ritual. Algo distinto de hombres. Gestos. Los respira la rastrera ceremonia cotidiana, transfigurados en oxígeno por un angelical surplace. Los metaboliza el perfecto paisaje de la orilla, convertidos en imágenes para abanicos de seda. Cada día más inmutables. Asentados a un paso del mar, se transforman desapareciendo, y en los intersticios de una elegante nada reciben el consuelo de una provisional inexistencia. Alessandro Baricco Océano Mar
Fragata Libertad
Spiaggia. E mare. Luce. Il vento dal nord. Il silenzio delle maree. Giorni. Notti. Una liturgia. Immobile, a ben vedere. Immobile. Persone come gesti di un rito. Qualcosa d’altro che uomini. Gesti. Se li respira la strisciante cerimonia quotidiana, trasfigurati in ossigeno per un angelico surplace. Se li metabolizza il perfetto paesaggio della riva, convertiti a figure da ventagli di seta. Ogni giorno più immutabili. Posati a un passo dal mare, diventano scomparendo, e negli interstizi di un elegante nulla ricevono la consolazione di una provvisoria inesistenza. Galleggia, su quel trompe-l’oeil dell’anima, l’argentino tintinnare delle loro parole, unica percepibile increspatura nella quiete dell’innominabile incantesimo. Alessandro Baricco Oceano Mare
Narradora: James está solo en la ciudad. En tres meses nadie lo ha buscado. ¿Seguís siendo alguien cuando estás así de solo? Si nadie te quiere, si no tenés a nadie a quién querer... ¿cuándo podés arriesgarte a dejarte llevar, a abrirte a los demás? Asumiendo riesgos, confiando en la gente creás una vida que se ajusta a las expectativas de los demás y te convertís en un personaje de sus historias, de sus vidas, y perdés la tuya, mentís para agradar a los demás, mentís para no estar solo, pero lo estás más y más...
Porque él no se entregaba por completo a nadie. Escuchaba con mucha atención, con seriedad y sentido del deber, y luego respondía; pero en su voz siempre había un matiz de comprensión porque sabía que en todos los asuntos de los hombres también hay ineptitud, ansiedad, mentira e ignorancia, que no hay que creer todo lo que digan aunque lo hagan con buena intención. Por supuesto, él no podía decir nada de todo esto a sus interlocutores, así que se limitaba a escucharlos con una indiferencia benévola, con seriedad y recelo, y a sonreir moviendo la cabeza de vez en cuando, como diciendo: "Siga, siga. Yo sé lo que hay que saber."
Hal Holbrook (Ron Franz) y Emile Hirsch (Chris McCandless) Into the wild (Hacia rutas salvajes, 2007, Sean Penn)
Sólo podemos hacer conjeturas sobre los motivos por los que Franz se encariñó en tan poco tiempo con el muchacho; en cualquier caso, el afecto que sentía por él era sincero, intenso e incondicional. Franz había llevado una existencia solitaria durante muchos años. Carecía de familia y tenía pocos amigos. Pese a su soledad y lo avanzado de su edad era una persona disciplinada e independiente, capaz de arreglárselas muy bien sin ayuda de nadie. Sin embargo, cuando McCandless irrumpió en su mundo, las defensas que había construido con tanto cuidado se desmoronaron. Estaba entusiasmado con la compañía del muchacho, pero su creciente amistad hacia él le recordaba cuán solo había estado. El chico ponía al descubierto el enorme vacío de su existencia tanto como ayudaba a llenarlo. Cuando McCandless se marchó tan de repente como había llegado, el anciano se sintió embargado por un pesar profundo e inesperado.
Los encuentro después de atravesar una llanura quemada por el sol. A causa del ruido, se apartan del camino. Habitan los campos incultos, cerca de una fuente que sólo los pájaros conocen. De lejos, parecen impenetrables. Cuando me acerco, sus troncos se separan. Me acogen con prudencia; puedo descansar y refrescarme, pero adivino que me observan y desconfían. Viven en familia, los más viejos en el centro, y los pequeños, cuyas hojas acaban de brotar, aquí y allá, sin apartarse jamás. Mueren lentamente y conservan a sus muertos de pie, hasta que se deshacen en polvo. Se acarician con sus largas ramas, como los ciegos, para asegurarse de que todos están allí. Gesticulan coléricos si el viento se empeña en arrancarlos. Pero entre ellos no hay disputa. Sólo murmuran de acuerdo. Comprendo que ellos deben ser mi verdadera familia. Pronto olvidaré la otra. Estos árboles acabarán por adoptarme. Y para merecerlo aprendo lo que hace falta saber: Ya sé mirar las nubes que pasan. Sé quedarme en mi sitio. Y sé casi callarme.
Lewis Wickes Hine - Worker on Empire State building, signaling the hookman (1931)
Reportaje a Javier Marías.
por Xavi Ayén
Ya en 1985 decía que no hay que depositar grandes esperanzas en los gobiernos.
Tener entusiasmo por un gobierno viene a ser una ingenuidad o producto de la desesperación. En otro artículo propongo que haya la posibilidad en las elecciones de también votar en contra de un partido, y que, en el recuento, se le resten los votos negativos a cada formación. Sería lo más adecuado y lo más justo.
Se ocupa de describir la atmósfera de los años 80. ¿Qué hemos heredado de esa época?
Yo la llamo la edad del recreo. El valor básico era hacerse guapo, para lo cual a veces hay que ser rico. Se dio un proceso de infantilización de la sociedad que se ha coronado ahora. Ha ido a más la ausencia de responsabilidad por parte de todo el mundo ante cualquier cosa. La gente reclama su libertad de moverse, hacer, decir, iniciar negocios, irse a sitios peligrosos y cuando les sucede algo, dicen: que el Estado me lo arregle. Pero el Estado somos los demás. Nadie asume sus actos, nadie se responsabiliza de nada.
¿Por qué critica ciertos aspectos de la solidaridad?
Critico sus trampas. Aquí debajo de mi casa hay varios señores tumbados en el suelo a los que ningún transeúnte echa una mano. Nuestros pobres son concretos, sucios y desagradables, no los tocamos porque podrían transmitirnos su desesperación, pero, eso sí, efectuamos donaciones a Haití. No es muy simpático decirlo, pero me produce un efecto contraproducente ver cómo todos los famosos del mundo se vuelcan en Haití, y empiezan a donar dinero de manera ostentosa. Tengo la sensación de que estas solidaridades son mecánicas. Me suena a falsedad, a medalla que se pone la gente.
El trabajo y sus efectos negativos es otro de sus temas...
Hablo con mis amistades de toda España, y todos están igual, tengan el trabajo que tengan o cobren mucho o poco: no paran, no tienen tiempo de nada, trabajan sin cesar y cada vez les cunde menos. Amplían sus jornadas no para ganar más sino para dar abasto al trabajo diario. Apenas tienen ocio y están permanentemente agotadas, medio enfermas o desquiciadas. Es el gran mal de nuestros días. Las personas que están hoy a sueldo se desloman como no se había visto en los últimos 40 años. Es la opresión más grande que vive la gente corriente.
¿Sigue sin e-mail ni celular?
Sí. Me niego a utilizar celular, tengo uno sólo para los viajes, pero el número lo tienen mis hermanos y tres personas más. Me parece una forma de esclavismo: estar localizable permanentemente, que no haya ratos de silencio, en los que nadie sepa dónde estás. La prueba de que el móvil es una herramienta de esclavización es que las empresas se los ponen a sus empleados.
Antonio Canova - Psique reanimada por el beso del amor
Sin embargo, más allá de las noticias de sucesos, las novelas, las obras de teatro y las películas, ¿qué sabemos sobre la verdadera naturaleza y las intenciones de esa fuerza?... El sabio afirma que el amor es una de las manifestaciones de la locura, un ataque de nervios agudo que se supera con el tiempo; la literatura de cada época da un sentido distinto a esta pasión, la ennoblece, la califica como la manifestación emocional más sublime o la más depravada del ser humano. Pero ¿cuál es la realidad?
Cuando era chica mi papá me llevaba a los parques de diversiones. Pasábamos las tardes de domingo enteras allí, tomando helado o comiendo garrapiñadas. El paseo le salía barato porque yo no subía a ningún juego. Me quedaba observando a la gente que sí lo hacía. Los gestos, las miradas de pánico, las manos buscándose, los gritos reprimidos, el placer, el miedo. Registraba el momento en que un niño se había echado a llorar, el instante en que una madre había cerrado los ojos entregándose al descontrol. Al abandonar el parque yo tenía la sensación de haber comprendido algo secreto. Era dueña de las emociones de todas aquellas personas. Intento lo mismo ahora. Busco comprender, analizando los recuerdos, cuándo comenzaron a virar los sentimientos de unos u otros. Miro la montaña rusa a la que nos habíamos subido, puedo descubrir cuál fue el día que alcanzamos la cima, qué gesto inauguró la cuesta abajo. Puedo ver también cuándo Black empezó a marearse y dejó el volante del carrito para arrojarse al vacío. Alejandra Laurencich Vete de mí
Ismo Holtto - niño ocultandose tras un pañuelo (Savonia, 1966)
Ocurría en las películas y ocurría en la vida real, todos los días. La gente no perdía el tiempo, se aferraba a unas pocas casualidades y fundaba sobre ellas su existencia. Tenía que decirle a Alice que ahí estaba, o irse de nuevo, tomar el primer avión y regresar al lugar donde había vivido como en vilo todos aquellos años. Sí, lo había aprendido. Las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida.
A mí me gusta que me cuenten historias, eso desde ya, pero la habilidad de la trama perfecta es algo que con el tiempo me está interesando cada vez menos. En el momento en que soy consciente, que digo, uy, mirá qué bien, acá dijo esto porque después lo va a retomar más allá... empiezo a desconfiar también. A mí me gustan los libros que te meten en su mundo. Me gusta un libro donde hay un autor que tiene una visión del mundo y entonces te abre esa compuerta y te metés ahí adentro, autores que tienen una forma de contar la vida. Porque al final suena solemne, pero lo que estás contando es eso. Una escritura que te propone una visión distinta, que te hace preguntas. En ese sentido, por ejemplo, cuando yo tenía 20 años y leía los cuentos de Borges, me parecían emocionantes. En un sentido estético, eran la perfección y ahora lo que me pasa es que me siguen pareciendo también cuentos excelentes pero los siento como textos más cerrados, donde todo está tan cuidado y es tan perfecto que el autor me está contestando la misma pregunta que él se hace a sí mismo. Todo empieza y termina en el escritor. Hay escritores que quizás son menos perfectos –tampoco esto es para hacer una elegía de la imperfección– pero hay escritores que están menos ocupados en la perfección y lo que se pone en juego es otra cosa, es otra pulsión y a mí lo que más me conmueve es eso.
Su Ábel se le escapaba, y la tía intentaba en balde seguir sus pasos. Por las noches se deslizaba de puntillas hasta su habitación, pero ya no se atrevía a entrar para darle un beso como hacía apenas un año atrás; se quedaba junto a la puerta, oyendo su respiración, con los ojos empañados en lágrimas. Su vida ya no tenía sentido, se lo habían arrebatado, y ella no sabía quién era el ladrón ni en qué momento se había producido el robo. Volvía silenciosamente a su dormitorio y, con el corazón encogido, pasaba la noche en vanas meditaciones.
Somos bichos raros, los dos, Franny y yo -anunció, levantándose-. Yo soy un bicho raro de veinticinco años y ella es un bicho raro de veinte, y esos dos bastardos son los culpables...
Somos nosotros -repitió Zooey, sin escucharla-. Somos bichos raros, eso es todo.
Io - alzo lo sguardo - io alzo lo sguardo -lo sguardo - è lì che alzo lo sguardo e lo vedo – io - lo vedo: il mare. Per la prima volta, dopo giorni e giorni, lo vedo davvero. E sento la sua voce immane e l’odore fortissimo e, dentro, la sua inarrestabile danza, onda infinita. Tutto sparisce e non rimane che lui, davanti a me, addosso me. Una rivelazione. Sfuma la coltre di dolore e di paura che mi ha preso l’anima, si disfa la rete delle infamie, delle crudeltà, degli orrori che mi hanno rapito gli occhi, si dissolve l’ombra della morte che si è divorata la mia mente, e nella luce improvvisa di una chiarezza imprevedibile io finalmente vedo, e sento, e capisco. Il mare. Sembrava uno spettatore, perfino silenzioso, perfino complice. Sembrava cornice, scenario, fondale. Ora lo guardo e capisco: il mare era tutto. È stato, fin dal primo momento, tutto. Lo vedo ballare intorno a me, sontuoso in una luce di ghiaccio, meraviglioso mostro infinito. C’era lui nelle mani che uccidevano, nei morti che morivano, c’era lui, nella sete e nella fame, nell’agonia c’era lui, nella viltà e nella pazzia, lui era l’odio e la disperazione, era la pietà e la rinuncia, lui è questo sangue e questa carne, lui è questo orrore e questo splendore. Non c’è zattera, non ci sono uomini, non ci sono parole, sentimenti, gesti, niente. Non ci sono colpevoli e innocenti, condannati e salvati. C’è solo il mare. Ogni cosa è diventata mare. Noi abbandonati dalla terra siamo diventati il ventre del mare, e il ventre del mare è noi, e in noi respira e vive. Io lo guardo ballare nel suo mantello splendente per la gioia dei suoi propri occhi invisibili e finalmente so che questa è la sconfitta di nessun uomo, giacché solamente è trionfo del mare… Alessandro Baricco Oceano Mare
Marxe - Tormenta descargando en el mar Mar del Sur, Argentina (enero 2009)
Levanto la mirada... la mirada... es allí que levanto la mirada y lo veo... yo... lo veo: el mar. Por primera vez, después de días y días, lo veo de verdad. Y siento su voz inmensa y su fortísimo olor y, adentro, su imparable danza, ola infinita. Todo desaparece y no queda sino él, delante de mí, encima de mí. Una revelación. Desvanece la capa de dolor y de miedo que ha aferrado mi alma, se deshace la red de las infamias, de las crueldades, de los horrores que han robado mis ojos, se disuelve la sombra de la muerte que ha devorado mi mente, y en la luz repentina de una claridad imprevisible yo finalmente veo, y siento, y entiendo. El mar. Parecía un espectador, incluso silencioso, cómplice, incluso. Parecía un marco, un escenario, un telón de fondo. Ahora lo miro y entiendo: el mar era todo. Desde el primer momento lo ha sido todo. Lo veo bailar a mi alrededor, suntuoso en una luz de hielo, maravilloso monstruo infinito. Estaba él en las manos que mataban, en los muertos que morían, estaba él en la sed y en el hambre, en la agonía estaba él, en la cobardía y en la locura, él era el odio y la desesperación, era la piedad y la renuncia, él es esta sangre y esta carne, él es este horror y este esplendor. No hay balsa, no hay hombres, no hay palabras, no hay sentimientos, ni gestos, nada. No hay culpables e inocentes, condenados y salvados. Sólo hay mar. Todas las cosas se han vuelto mar. Nosotros abandonados por la tierra nos hemos vuelto el vientre del mar, y el vientre del mar es nosotros, y en nosotros respira y vive. Yo lo miro mientras baila en su manto reluciente para la alegría de sus propios ojos invisibles y finalmente sé que esta no es la derrota de ningún hombre, ya que sólo es el triunfo del mar Alessandro Baricco Océano Mar
Margaret: ¿Qué te causó tanto dolor en el corazón?
Bradley: Mis ojos. Los tuve cerrados tanto tiempo que cuando por fin los abrí no estaba preparado para lo que vieron.
Chloe (Alexa Davalos) y Oscar (Toby Hemingway)
Bradley: ¿Qué es lo que te hace sonreir así?
Margaret: Mirar por la ventana hacia afuera, un hombre inusual, un hombre inocente, un hombre de corazón abierto. Alguien que ha dado muchísimo amor, pero que nunca le fue devuelto, no de la manera en que se lo merece.
Grullas en un lago (Brandenburgo, Alemania) (Reuters/Thomas Krumenacker)
Y sin ese repetirse eternamente de todo, de sí mismo a sí mismo, a cada instante, todo duraría un instante. Hasta la misma eternidad duraría un instante.
-Pues no lo sé, porque mi papá murió en el presente. Quiso morir en el presente. Yo no creo en el futuro. Y el pasado es tan extraño y confuso que mitad lo invento; la cabeza funciona de esa manera. Cuando una persona se aleja de ti quiere marcharse de tu presente, no de tus recuerdos ni de la posibilidad de un futuro... Claro el futuro es un invento malicioso y estamos condenados a un presente constante.
-¿Y la esperanza dónde la pone?
-Ese es otro mal invento, porque la esperanza te hace soñar con felicidades futuras, te impide darte cuenta de la caricia del ahora y piensas que es menos de lo que te puede traer la vida. La esperanza es peligrosa si no se la sabe emplear. Un arma de doble filo. La rendición no es siempre propia de cobardes, también es propia de cansados, ¿me entiendes?
-¿Y qué hacemos con la resistencia entonces?
-Ah bueno, pero esa es una condición sin ecuánime del ser humano... Es muy difícil lo del teorizar con el ser, con las esperanzas, porque puedes confundir necesidades con deseos. Por ejemplo, ¿qué conflicto tenemos con la soledad, cuando resulta el lugar desde donde uno se construye? Es vital la soledad y, sin embargo, la tenemos como una gran enemiga. Vemos al desamor como a un monstruo enorme y horrible cuando, en realidad, es el primer paso del amor hacia uno mismo. Hay que tener cuidado con los conceptos aprendidos, porque luego nos convertimos en víctimas abstractas y eso es peligroso, porque nos hace débiles.
En algún lugar al que nunca he viajado, felizmente más allá de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio: En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Con solo mirarme, me liberas. Aunque yo me haya cerrado como un puño, siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser, como la primavera abre con un toque diestro y misterioso su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y mi vida nos cerraremos hermosa, súbitamente, como cuando el corazón de esta flor imagina la nieve cayendo cuidadosa por doquier.
Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura me somete con el color de sus campos, retornando a la muerte y a la eternidad con cada respiro.
Ignoro tu destreza para cerrar y abrir pero, cierto es que algo me dice que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas… Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.